jueves, 25 de febrero de 2016

Valorar más la labor en la universidad

Algunas personas creen que por el mero hecho de estar en la universidad seguimos un horario similar al que seguiría un docente normal y corriente en un colegio o instituto (ojo, sin menospreciar en demasía toda la labor que se realiza en los cursos inferiores a la universidad). Me sorprende, tras varias conversaciones con personas ajenas a la universidad, la visión que la sociedad tiene de lo que se hace dentro de ella. Lo que se conoce como personal docente e investigador o PDI no es dar clases durante 8 meses al año, 2 meses de exámenes y otros 2 de fiesta, o sea, 4 de fiesta. En esta entrada quería mostrar un esbozo de lo que es, en base a lo que me toca en este tiempo que estoy de investigador post-doctoral con alguna incursión en docencia y algo de gestión de proyectos. 3 aspectos que se realizan en una universidad a diario, aunque únicamente se vea lo que cala de la universidad, que es su calidad docente.

Investigaciones en el laboratorio o realizando simulaciones en tu puesto de trabajo. Pruebas que tratas de realizar siempre con las mismas condiciones ambientales, usando (aparentemente) los mismos materiales y obteniendo resultados semejantes. En el mejor de los casos, la cosa sale adelante, y te sientes bien porque estás produciendo. Normalmente, o no has tenido en cuenta alguna cuestión o simplemente, porque no eres experto en todo, se te escapa algo que hace que la mayoría de las veces no salga lo que habías predicho. Una contínua lucha entre frustración y tesón en la que sólo vences si tus condiciones experimentales se asemejan a la idealidad de las simulaciones. Y entonces te dispones a publicar.

En sí, publicar no es tedioso. Es verdad que tienes que plasmar perfectamente en 4-6 hojas a doble columna un trabajo de semanas o meses. Y eso cuesta, porque la cosa es densa y difícil. No queda reflejado todo lo que ha pasado en ese tiempo: las dificultades que has tenido en el proceso, si ha habido que retractarse o no de determinadas propuestas, si lo que dicen determinados autores se cumple o no (no es la primera vez que esto es así…), si lo que propones es suficientemente novedoso y, aún siéndolo, si le ves aplicabilidad a futuro. Aún con eso, tienes algo que puede que algún día se convierta en publicación. Enhorabuena, ponlo bonito para que visualmente sea agradable y a por ello. Porque luego los revisores te dirán si vale o no y vendrá otra lucha, que es la de que convenzas a la comunidad científica de que tus propuestas son buenas. 

Ya estás delante del ordenador. Te queda como una o dos semanas de escritura y perfilado de tu publicación, ya que también dependes de que tus compañeros de publicación estén de acuerdo con lo que escribes. Mientras tecleas, el servidor de correo comienza a emitir señales repetitivas. Se trata de correos electrónicos que te van llegando. A lo largo del día se suceden varias oleadas de correos electrónicos de proveedores, de nuevos congresos que abren sus llamadas para presentar tus trabajos, de cursos de actualización, de compañeros que te convocan a reuniones de trabajo o de nuevas propuestas. Aceptaciones de artículos que te sacan la sonrisa al saber que tu trabajo se valora, o bien negativas y rechazos, rotundos o no, de contribuciones que pensaban que serían bien aceptadas pero que la comunidad internacional considera que, o tienes que mejorarlas mucho o no te las aceptan.

Reuniones de trabajo sobre tu investigación. Propuestas que se quedan en el trastero pese a ser interesantes porque no toca. Propuestas que florecen y se convierten en prioritarias, aunque a veces no sean tan interesantes. Recuperación de unas y rechazo de otras. Idas y venidas que las explicas en casa y te toman por loco, porque ya no saben qué es lo que estás haciendo exactamente en este momento.


Si eres docente, además de lo anterior, que se ve drásticamente arrinconado por la obligación de sacar adelante a chaval@s que dependen de la formación que les des, piensa en preparar clases, perfilarlas, explicar al personal de la manera más desmenuzada posible cómo son las cosas... A veces, sin ni siquiera estar relacionado con lo que investigas. Haz seguimiento, evalúa de manera continua, haz que trabajen, que piensen en lo que estás tratando de transmitirles y que luego se busquen la vida en las prácticas, para poner eso, en práctica, lo que en clase sólo se queda en palabras y escritos en un simple papel. Y finalmente, los exámenes. Piensa algo que tenga un mínimo de nivel pero que no se pase, bien porque a veces tus alumn@s no llegan o bien porque el que no acierta a poner el nivel adecuado eres tú. Contradicciones entre lo que sería lógico pedir en el examen y el nivel real con el que te encuentras.


Y entre la investigación y la docencia, la gestión. Gestión en ambos sentidos: la investigadora y la docente. La investigadora, para poder optar a que tu grupo de investigación se nutra de dinero que pueda llegar desde Europa o desde el Estado o desde el Gobierno Regional, siempre que en estos dos últimos haya posibilidades. De las empresas, en general, aquí en España ni te lo plantees, porque se valora menos a un doctor y a lo que la universidad pueda aportar a la empresa en materia de impulsar nuevas estrategias de negocio que a un trabajador al que le puedas exprimir por 4 duros o a un recién licenciado. Y es que, a efectos prácticos, a la hora de comenzar a trabajar da igual que hayas estudiado o no: tendrás que dar las gracias por cobrar un salario irrisorio. Vale que desde el gobierno no se pongan las cosas fáciles para contratar, pero es que tampoco se ha creado una cultura empresarial en sentido opuesto que presione para que los gobernantes se den por aludidos de que hay que fomentar las sinergias entre empresas y universidades.

Y la gestión docente, otro mundo aparte: clases, matriculaciones, encuestas que te dicen si lo que das lo das bien y llega al personal. Que si quitan tu asignatura o te la recuperan. Nuevos grados que desbancan a los anteriores, planes de estudios diferentes,… Responsabilidades de departamento o de facultad. Clases prácticas y teóricas. Reservas de laboratorios para que l@s chaval@s aprendan lo que les das en clase…



Y como científicos, suponiendo que haya un mínimo de interés por contar lo que estás haciendo, también habrá que divulgar. Habrá que hacer que la gente se entere de lo que estás haciendo y que sepa para qué se podría aplicar. Hay que crear una cultura de divulgación que capte más talento y que éste sirva para mejorar la investigación puntera del país. Hay que reclutar a más chaval@s (sobre todo más chavalAs) para que el tejido investigador se incremente. Y todo eso no lo va a hacer nadie más que los propios que se dedican a formar. Una responsabilidad grande. Otra más.

Todo lo anterior pasa por la cabeza de todo investigador que se tercie y que trabaje en una universidad. Como podéis ver, no es moco de pavo. Y solamente pongo lo que se ve desde el punto de vista de un recién entrado en el mundillo de la carrera investigadora/académica. No se trata de dar varias horas de clase y luego todo el mundo a su casa. Cada profesor suele ser, en general, investigador, y pertenece a un grupo de investigación que se dedica a producir conocimiento y, en ocasiones, empresas o patentes por las que hay que luchar día a día, incluso poniendo dinero que no existe en el momento de solicitarlo. Todo está en continua renovación y hay que estar actualizad@s. A menos que eso se deje de lado, lo que se le ofrece a l@s estudiantes es lo más nuevo de lo nuevo. Con, como mucho, entre 2 y 4 años de antigüedad. Y a pesar de todo, lo que se da ya se ha quedado obsoleto porque todo evoluciona mientras se dan los contenidos de las asignaturas.

Por esta entrada, no me explayaré más, pero simplemente quería dar argumentos para comentar algo, y es que creo que habría que valorar mucho más la labor que se hace dentro de una universidad pública como en la que trabajo. Una institución que está en continuo reciclaje y, además de eso, pretende dar a su mayor deudora, la sociedad, lo mejor que tiene con los bienes de los que dispone. Se trata de una inversión a medio-largo plazo y que siempre es buena para la sociedad. Porque además se exporta siempre todo lo que se obtiene en materia de conocimiento, porque siempre se está en continua búsqueda de proyectos con un@s y otr@s y porque siempre hay apertura a quien tenga a bien considerar el trabajo de la universidad. Es verdad que hay que seguir mejorando, pero lo único que se pide es un poco más de confianza, o sea, posibilidad de acceso a mayor cantidad de recursos para conseguir un mejor crecimiento y calidad.

Dedicado a quienes ven bien que se vuelva a congelar el presupuesto de nuestra universidad, incluso argumentando que se están haciendo “esfuerzos importantes” para mantener la financiación de la universidad pública (aquí y aquí). Sigamos cambiando nombres de calles, en su lugar, que para eso siempre hay financiación.

Gracias por vuestra atención.

Nos seguimos leyendo.