jueves, 31 de diciembre de 2015

2015: el balance

Llegamos al final de este interesante año en el que, lejos de relajar mis expectativas sobre lo que podría dar de sí, parece ser que ha aumentado la actividad en diversos campos y ha acabado siendo uno de los más productivos, tanto a nivel profesional como personal.

Tras el anuncio de depósito de la tesis doctoral, quedaban dos meses para defenderla. Siguiendo los consejos de los que más sabían de esto en el grupo de investigación me tomé varias semanas de libertad para aparcar momentáneamente la tesis y comenzar con nuevos proyectos, tanto en el ámbito de investigación como en el ámbito extra-universitario. Afortunadamente, varios de esos proyectos han salido adelante. Otros no. Como se suele decir, “quien no llora, no mama”. Siguiendo con el símil, he mamado menos de lo que he llorado, pero al menos no me he muerto de hambre, que es el objetivo, al fin y al cabo…

Como comenté en esta entrada, tras aquel 13 de marzo (sí, ahora me suena muy lejano) noté un bajón en la presión que se ejercía sobre mí. Ya no sólo desde fuera, sino la que yo mismo me ponía. Y es por esto que pude diversificar y comenzar a desplegar alas. Si bien es verdad que, a día de hoy, las posibilidades de conseguir una carrera académica son complicadas (sobre todo en el sector público), la idea es seguir intentándolo, aunque sea dando pasos de hormiguita. Veremos cómo acaba todo esto.

En cuanto a publicaciones, tengo que dar las gracias a los compañeros que han capitaneado la mayoría de los artículos que he conseguido este año. Sin ellos, probablemente no habría alcanzado niveles similares a los del último año de la tesis. En algunos casos, ya tengo apalabrado un “te debo una”, así que espero que, en este sentido, 2016 sea más productivo.

La razón de lo anterior es que, tras la defensa de la tesis, las propuestas que nos planteamos en materia de investigación fueron lo suficientemente complejas de entender y de llevar a cabo como para tener que meter más horas de las esperadas para sacar alguna conclusión que nos guiara hacia los objetivos. Es frustrante pasar una época en la que no salen las cosas y no publicas a la velocidad a la que estás acostumbrado. Sin embargo, “más vale tarde que nunca”, a partir de octubre parece ser que han cambiado las tornas. Con suerte inauguro 2016 a un ritmo más normal, lo cual es bastante tranquilizador.

He inaugurado mi currículum docente apoyando a algunos compañeros de departamento. Desde el lado opuesto al que había estado hasta el momento, se ven las cosas de una manera totalmente diferente. Esto posiblemente me dé para una entrada en 2016 acerca de cómo estoy viendo que entra la gente a la universidad, pero ya os digo que  no hay buenos augurios…

Otra de las cosas en las que he estado y estoy inmerso a lo largo de todo 2015 es la gestión de proyectos. Algo que he descubierto que me gusta bastante, porque puedes plantear una idea en la que varios de tus compañeros de departamento pueden estar interesados, hablas con ellos y, de una manera u otra, salen adelante. Gracias a mi entrada en el Institute of Smart Cities de la UPNA, he podido ver que hay mucha gente receptiva a hacer cosas novedosas y creo que las propuestas que he elevado están siendo bien acogidas. Sí bien a veces se echa de menos una mayor dinamización a la hora de contactar entre los diferentes grupos, en general la experiencia está siendo bastante positiva y poco a poco vamos solicitando proyectos de mayor envergadura. “La unión hace la fuerza” y gracias a ello estamos optando a proyectos financiados por Europa, con socios de todo el continente. Que la cosa siga así y que llegue más financiación, que será bueno para todos.

Como nota irónica, estos proyectos podrían estar enmarcados tranquilamente en convocatorias nacionales, ya que incluso tenemos colaboraciones con diferentes entidades por toda España. Sin embargo, puesto que no hay dinero para investigación en nuestro propio país, tenemos que hacer lo que todos sabemos: buscarnos las castañas fuera. De todas maneras, habría que hacerlo, porque la investigación en cosas grandes, hoy en día, necesita de recursos internacionales. Pero es curioso que, en un país donde con poco se hace mucho, se quiera exprimir más aún al personal, simplemente porque estamos mirando por otros intereses. En fin, parece ser que habrá que seguir exportando conocimiento y personal cualificado y dejando que las patentes y grandes inventos sigan estando fuera de nuestras fronteras… Sinceramente, quiero creer que el futuro es más prometedor…

Finalmente, dos párrafos para describir lo bueno y lo menos bueno de 2015:

Lo menos bueno creo que fue el verano. A pesar de que fue una época bastante activa en investigación con varias líneas abiertas para conseguir alguna publicación, no hubo manera. Era darse continuamente contra un muro en el que no pasaba absolutamente nada lógico. Pero tampoco quiero martirizarme por ello. No salieron las cosas, pero se quedaron abiertas varias líneas de investigación que, con suerte, en 2016 darán sus frutos. Por ser un poco idealista, desde que estoy en investigación, los años pares son más productivos. Poco vamos a hacer en investigación con las casualidades y coincidencias, pero simplemente por comentarlo…

¿Lo bueno? Sin duda, el haber abierto el abanico de posibilidades tras la tesis y el haber adquirido una cierta experiencia en varios ámbitos que pueden ser de mi interés para el futuro. Y como “fetiche”, el haber podido coordinar en tiempo record y con un cierto nivel de éxito un libro: “Destellos de Luz” (recordad que podéis adquirirlo en la UPNA, en Unebook o en Amazon). Un regalo que os sigo recomendando para 2016, aunque estuviera especialmente hecho para 2015 y con el que estoy seguro de que aprenderéis cosas sobre la luz de una manera simple y amena.

Creo que toca apagar este 2015 como Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz. Gracias, un año más (con este ya van 4), a quienes tenéis a bien perder unos minutos leyendo estas aventuras por el mundo investigador/docente/gestor. Curiosamente el número de entradas ha bajado respecto de los años anteriores, pero el número de visualizaciones ha incrementado. Debe de ser que el nivel del blog ha aumentado o que, simplemente, sois más a los que os he dado la pelmada en 2015 para que os animéis a leerme. GRACIAS, de todas formas.

Nos leemos el año que viene. Sed buen@s!! ;)



martes, 8 de diciembre de 2015

Destellos de Luz

Hace ya casi 3 semanas que acabó toda la aventura de convencimiento, escritura, revisión, aceptación, edición y publicación de este libro. Un libro divulgativo de 18 capítulos (a mí me gusta llamarlos “destellos”) editado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y que celebra la decisión de Naciones Unidas en 2013 de declarar a 2015 como “Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías Basadas en la Luz”.

Con ayuda de la presentación que preparamos varios autores para dar a conocer el libro y que os muestro a continuación, pretendo explicaros en esta entrada cómo surgió la idea y los objetivos que se perseguían.


Corría allá por el mes de enero del presente año 2015 (¡¡hace ya casi un año que todo comenzó!!). Recién había depositado la tesis doctoral para proceder a su defensa cuando, en ese mes que tenemos de preparación entre el depósito y la defensa tuvimos el primer jueves de ciencia del año 2015.

Por entonces ya sabíamos que el premio Nobel de Física 2014 fue entregado a los creadores del LED azul, pero uno de los participantes del libro nos explicó por aquel entonces las causas por las que se había elegido el premio Nobel así. Y no es para menos: el hecho de descubrir el LED azul y, concretamente, la combinación de materiales que, excitados con una mínima corriente eléctrica, era capaz de emitir luz en el azul, hizo que pudiera completarse la terna de colores primarios generadores de cualquier color. Es por esto que las pantallas de nuestros móviles o de nuestras televisiones están evolucionando desde entonces a pasos agigantados. Cada píxel de esas pantallas está formado por puntitos de materiales que emiten diferentes intensidades de rojo, verde y azul, de manera que el ojo humano las combina y nos engaña, produciendo las diferentes tonalidades que observamos en nuestros dispositivos.

Bueno, pues lo parezca o no, entre esta sesión de ciencia en el bar y una versión tabernaria del experimento que os muestro en el video de más abajo, se me hizo la luz.



Inicialmente, la idea era sacar un libro sobre fenómenos que tuvieran como base la luz, aunque desde el ámbito del Club de Amigos de la Ciencia. Pero por recomendación de varios de los que luego fueron autores, optamos por visitar despachos de gente que estuviera interesada en participar en el libro dentro de las 2 instituciones que he comentado inicialmente y el Planetario de Pamplona.

Total, que ya que nos poníamos, tratamos de cumplir varios objetivos, para hacer que la cosa fuera más motivante. Ahí van:

1.   Variedad de temas y aplicaciones. Por supuesto que la ciencia básica es eso, básica y, por tanto, debería de estar financiada en todo momento, ya que gracias a ella se están descubriendo fenómenos sin los cuales no podemos entender nuestro hoy ni, probablemente, nuestro mañana #SinCienciaNohayFuturo. Sin embargo, como ingeniero entiendo que lo que la sociedad ve únicamente es lo que llega a sus manos y puede manejar. Por tanto, tenía sentido hacer un libro en el que las aplicaciones de los fenómenos físicos/químicos pudieran explicarse, para que la gente vea cómo se hace la transferencia de la ciencia a la sociedad. 4 de los 18 capítulos se ilustran en la presentación anterior.

2.   Las ciencias amamos a las letras. Es verdad que el progreso necesita de las ciencias y la tecnología para llevarse a cabo. Pero también es verdad que seríamos nulos si no tuviéramos un bagaje de letras y, por otro lado, no podría entenderse el progreso sin la transmisión del conocimiento uqe proporciona el saber hablar un lenguaje. Por tanto, entiendo que ambas son necesarias. Y para eso, propusimos escribir un capítulo inicial que tratara sobre la luz desde el punto de vista etimológico y usándolo para introducir las bases físicas de los fenómenos que íbamos a estudiar.

3.   Paridad científica. Siendo objetivos, está claro que hay menos mujeres que hombres en el ámbito científico-técnico. Sin embargo, en nuestros departamentos, escuelas, etc tenemos la suerte de convivir tanto hombres como mujeres. Es por ello que, ante la existencia de quorum suficiente, la idea siempre fue intentar conseguir una representación igualitaria que diera una sensación, como así es, de igualdad de representación. Al final, de las 21 personas, conseguimos 8 mujeres, lo cual casi es la mitad. Creo que es algo de lo que congratularnos.

4.   Visibilidad de la UPNA. En un contexto donde la universidad pública, en general, está menos desatendida, creemos que hemos conseguido ser pioneros tanto a nivel regional como nacional con el formato y la idea, algo por lo que podemos estar orgullosos.

5.   Inclusión de dos instituciones “amigas” de la UPNA, como son el CAC y el Planetario de Pamplona. Todas las entidades implicadas están por la divulgación de la ciencia en sus diversas formas, así que era casi obligado contar con ellas para llevar a cabo este proyecto. Y esperemos que en el futuro siga habiendo lazos entre ellas.

6.   Publicar el libro antes de que acabara el Año Internacional de la Luz, cosa que se ha conseguido y además, hemos sido información, tanto a nivel regional como en las redes nacionales de la FECYT y del Año Internacional de la Luz en España.

Queríamos, además, cumplir con 3 funciones: enseñar, seducir y reflexionar. Enseñar, porque como entidades docentes y divulgadoras, es casi obligado dar a conocer lo que se está haciendo y los conceptos básicos subyacentes en cada fenómeno. Seducir, porque queremos que esta obra atraiga a toda persona interesada en la luz y porque queremos atraer a potenciales estudiantes que se planteen, en un momento dado, cursar carreras de ciencias, algo que parece en decaimiento en los últimos años. El lenguaje empleado está adaptado a chavales que estén cursando desde 4º de ESO para arriba, con lo que podría ser un buen momento para ver si enganchamos con ellos y los atraemos hacia las ciencias.

Y finalmente, reflexionar, que no nos viene mal de vez en cuando darle al coco. A lo largo de los capítulos se reflexiona sobre fenómenos, causas, consecuencias, hechos históricos,… que pueden dar que pensar para intentar alcanzar un futuro mejor. También a través de la luz queremos extraer alguna consecuencia positiva para la vida cotidiana y el día de mañana.

En particular, mi contribución en el libro es un capítulo titulado “Curarse en sa-luz”, donde hablo del uso de la luz en medicina y cómo con ella estamos curándonos o diagnosticando muchas de las afecciones que nos aquejan hoy en día. ¿Interesante? ¡Pues los demás están mejor! Sin embargo, y al igual que le digo a todo el mundo, esto os dejo que lo descubráis invirtiendo un poquico de dinero y tiempo que, sinceramente, creo que será una buena inversión. ¡Sería un bonito regalo de navidades, por cierto! ;)

Concluyo ya, no sin antes agradecer la labor del buen equipo que hemos formado todos los implicados en el libro. A saber:

Al rector de la UPNA, Alfonso Carlosena, por ceder un poco de su tiempo en escribir el prólogo del libro y en asistir a la presentación del libro. Con su aportación apoya la investigación y divulgación que hacemos en la universidad.

Por supuesto, al resto de autores y autoras del libro: los profesores e investigadores de la UPNA Carlos Sáenz Gamasa y Antonio Vela Pons (Departamento de Física); Miguel Beruete Díaz, Iñigo Ederra Urzainqui, María José Erro Betrán, Javier Goicoechea Fernández, Ambrosio Liceaga Elizalde, Idoia San Martín Biurrun, Joaquín Sevilla Moróder, Santiago Tainta Ausejo y Arantxa Villanueva Larre (Departamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica); Pedro José Rivero Fuente (Departamento de Ingeniería Mecánica, Energética y de Materiales); y Silvia Arazuri Garín y Carmen Jarén Ceballos (Departamento de Proyectos e Ingeniería Rural). Y también a la colaboración de Fernando Jáuregui y Javier Armentia Fructuoso, astrofísicos del Planetario de Pamplona y miembros del Club de Amigos de la Ciencia. Sin su colaboración y su tiempo, no podríamos haber abarcado tanta variedad de temas y lenguajes empleados.

Ni qué decir tiene que un libro lleva mucho tiempo de correcciones y versiones fallidas. Es por esto que hay que agradecer a quienes quiera que hayan realizado las revisiones por pares del libro, ya que con sus sugerencias y cambios nos han permitido alcanzar un mínimo de rigor científico sin endurecer el lenguaje y hacerlo inentendible. También al servicio de publicaciones de la UPNA, por haber hecho su trabajo en un tiempo record para llegar a la fecha que nos habíamos propuesto. Y por supuesto, al servicio de comunicación de la UPNA, gracias al cual pudimos congregar a casi 100 personas en el Planetario de Pamplona el pasado día 19 de noviembre.

Espero que os animéis a comprar (abajo tenéis los enlaces), leer y aprender, de verdad, con este libro. Y por supuesto, también espero que nos lo critiquéis (constructivamente, por favor). Sólo podremos hacerlo mejor si las críticas son constructivas.

Nos seguimos leyendo!


NOTA: Enlaces de interés a raíz de la publicación del libro.

PREVIO A LA PRESENTACIÓN

PRESENTACIÓN

TRAS LA PRESENTACIÓN
COMPRA DEL LIBRO
Tienda de la UPNA (aquí además tenéis una vista previa de las primeras páginas): 
Portal Unebook: 
Amazon:



lunes, 16 de noviembre de 2015

Un radiotelescopio en Pamplona

La idea de fabricar un radiotelescopio en Pamplona lleva más de año y medio tejiéndose. Pese a ello, no parece haber calado en los estudiantes el afán por llevarlo a cabo (tampoco sé hasta qué punto el profesorado y las empresas lo han fomentado). Y por supuesto, tampoco parece haberse dado la difusión y/o financiación adecuada para que esto ocurra.

Quizás por esto y por dar una respuesta a una probable necesidad que existe en este tema en Navarra, se organizó un curso de radioastronomía en el Planetario de Pamplona entre los pasados 22 y 25 de septiembre, al que tuve la oportunidad de asistir. El curso estuvo co-dirigido por el incansable divulgador Joaquín Sevilla y por la matemática Patricia Yanguas, ambos profesores de la UPNA. Las charlas las impartieron dos cracks en esto de la radioastronomía como son Rubén Herrero Illana (Instituto de Astrofísica de Andalucía) y Cristina García Miró (jefa del uso de las antenas del complejo de Robledo de Chavela – NASA - Madrid). La verdad es que lo hicieron bastante ameno y asequible para el respetable, si bien estaba claro que había que hablar con un mínimo de propiedad.

Como comento, todo comenzó en las semanas de la ciencia de 2014, con una charla impartida en un día de noviembre, donde los hermanos David y José Javier Vesperinas, aficionados a la astronomía y personal conocido en la UPNA, propusieron la realización de un radiotelescopio “casero” con el cual comenzar a dar pasos en (radio)astronomía dentro de Navarra y, en particular, en la UPNA. El público objetivo, además de aquellos astrónomos que  aportaran su experiencia en la visualización del espacio, era aquellos estudiantes que desearan formar parte de un gran proyecto que envolvía electrónica, comunicaciones, antenas y ondas de radio… Curiosamente, entre otras disciplinas científicas y tecnológicas, también las telecomunicaciones se fomentaban a la hora de tratar este proyecto. Al fin y al cabo, todos los datos que se iban a capturar se iban a tomar en base a la detección de ondas de radio provenientes del cosmos.

Efectivamente, también los telecos podemos meternos en astronomía. Disciplina en la cual, tras asistir a gran parte del curso, creo que tenemos mucho que decir en términos de mejora de la calidad de las imágenes que se obtienen, así como en la emisión – recepción de los sistemas de comunicaciones empleados. En este sentido, animo a todos aquellos estudiantes que se planteen realizar cosas reales  a realizar su proyecto final de grado/carrera relacionado con esta temática, ya que su aplicación podría ser directa.

Viendo las características del proyecto y tras actualizarme en el tema de la radioastronomía, no me extrañaría nada que se pudiera realizar este sueño en la vieja Iruña algún día no muy lejano. En ello influyen varios factores:

En primer lugar, disponemos de dos grandes instituciones públicas que lo avalan y en las que trabajan buenos profesionales encargados del tema. El Planetario de Pamplona, por un lado, es un referente de la divulgación en nuestra ciudad, y cada dos por tres suele sacar alguna obra con la cual poder disfrutar de los intríngulis del espacio. Y en segundo lugar, la Universidad Pública de Navarra dispone de todo el potencial de sus institutos de investigación científicos, Institute of Smart Cities (ISC) e Institute for Advanced Materials (InAMat) para diseñar el proyecto, usar los materiales que haga falta para captar las señales de forma optimizada y analizar todos los datos que vengan desde el exterior. Asimismo, los Vesperinas disponen de una antena parabólica donada, que puede servir para realizar las pruebas preliminares y la implicación de un par de aficionados bastante activos en el tema que pueden echar una mano en lo que sea menester para conseguir la aplicación: estudiar el espacio en el rango de las ondas de radio.

Esas imágenes tan bonitas que podemos encontrar en la red a través de los canales de difusión de la NASA o de la ESA son, en la mayoría de los casos, montajes a color de lo que en realidad ocurre. Se trata de una fusión de imágenes (figura 1) obtenidas con varios rangos de longitudes de onda, desde la radio hasta los rayos gamma, cada uno sensible a un determinado tipo de fenómeno. Los eventos más fuertes, como las supernovas o los estallidos de rayos gamma se detectan, precisamente, con detectores de rayos gamma o X, ya que se trata de fenómenos en los que se liberan grandes cantidades de energía. Lo que vemos en el rango visible es el resultado de la luz (y por tanto, de la energía) desprendida en los fenómenos astronómicos, que ha llegado en forma de fotones visibles (específicamente, de plasma) a nuestro planeta. Y en el caso de la radiofrecuencia, lo que obtenemos son los campos magnéticos asociados a los eventos de este calibre. Por tanto, ya desde el primer día quedó patente por qué es necesario estudiar los fenómenos astronómicos con el rango de las radio-ondas: se trata de realizar un estudio complementario. Algo así como lo que ocurre cuando pasamos a un paciente por resonancia y PET o resonancia y escáner y luego sumamos las imágenes. Se ven cosas complementarias y el diagnóstico es más certero.

Figura 1. La suma, en diferentes colores, de los fenómenos detectados por diferentes radiaciones, da como resultado la típica imagen que nos deja con los ojos como platos e imaginando esos mundos y galaxias exteriores en el universo.

Fórmulas y tecnicismos aparte, fue un bonito recuerdo de lo que supone diseñar un sistema de comunicaciones inalámbricas para crear radioenlaces con el espacio y “ver” qué hay en su interior.

Como curiosidades, diferentes configuraciones de antenas que se han diseñado para alcanzar mayor resolución en las medidas que tomamos. La capacidad de distinguir radiación en nuestros detectores depende del ángulo con el que nuestro elemento detector ve el objetivo. Y este ángulo, a su vez, depende del tamaño de la antena aunque con un problema: son inversamente proporcionales. Esto implica que conseguir una resolución de un ángulo muuuuuy pequeño requiere tamaños de antenas muuuuuuy grandes. Y además, esto se ve afectado por el efecto atenuador de la atmósfera, que es un verdadero enemigo de la radiación electromagnética, sobre todo cuando las condiciones meteorológicas son desfavorables. Sin embargo, no tenemos muchas más opciones que aumentar el tamaño de la antena. Por ello, científicos e ingenieros han propuesto dos soluciones ante este gran problema:

1. Hacemos superantenas para ser más resolutivos. A día de hoy tenemos varios ejemplos de ellas, como se muestra en la figura 2: Reber, Effelsberg, Arecibo y FAST. Son gigantes antenas de tamaño máximo construídas con el único fin de captar información en radiofrecuencia.

2. Juntamos varias antenas de manera que creamos una antena virtual con suficiente tamaño como para ser muy resolutiva sin necesidad de desperdiciar material. En este caso, es habitual echar mano de la interferometría de ondas. Se configura una disposición de antenas adecuada para focalizar los haces en un mismo punto, obteniendo así el máximo de resolución posible en el sistema. En este sentido, tenemos varias configuraciones (arrays) a lo largo de todo el planeta y empleando los mismos recursos económicos. La figura 3 da buena cuenta de las distribuciones de antenas que nos podemos encontrar circulando todo el globo terráqueo.

Figura 2. Ejemplos de radio-telescopios realizados por la humanidad a lo largo del tiempo. Observar que los 2 últimos oscilan los 400 m de diámetro, lo cual puede dar que pensar que se trata de valles completamente cubiertos por planchas adecuadamente diseñadas para la ocasión. Fuente: Wikipedia y popscience.

Figura 3. (a) Array de un kilómetro cuadrado (Squared Kilometre Array - SKA) planeado para captar señales radioastronómicas. EL proyecto verá la luz hacia 2023, aunque se estima que alcanzará el máximo potencial en 2030, cuando se construyan los arrays que se pretenden realizar a nivel mundial (http://www.skatelescope.org/). (b) Vista de pájaro del VLA (Very Large Array), en Nuevo Méjico (EE.UU.) formado por 27 antenas parabólicas de 25 m de diámetro en forma de Y para fines radioastronómicos (http://www.vla.nrao.edu/). Fuente: Wikipedia.

En definitiva, una muy interesante experiencia que, pese a estar alejada de mi investigación en temas de sensores de fibra óptica, me sirvió para poder abrir la mente y mirar posibles proyectos que se puedan llevar a cabo en el futuro, tanto para mis propios intereses actuales como para los posibles intereses que puedan existir desde el Planetario de Pamplona y/o la UPNA. En este sentido, pienso sinceramente que la colaboración entre el Planetario y la UPNA, bien a través de ella misma o bien a través de sus institutos (véase el ISC) puede fructificar. Y más aún si hay empresas que colaboren de por medio.

Sin más que añadir, pero con la convicción de estar contribuendo a un bien común para todo el mundo me despido por esta entrada. Gracias a los ponentes del curso por sus conocimientos. Gracias a la UPNA  y a los promotores, por hacer que la idea fuera realidad y, sobre todo, gracias al Planetario de Pamplona, por encuadrarlo todo en el contexto más adecuado posible.

Nos seguimos leyendo!!



domingo, 16 de agosto de 2015

Por qué estudiar telecomunicaciones

En el pasado curso 2014-2015 y ahora mismo, casi al comenzar el 2015-2016 parece ser que el número de estudiantes matriculados en los grados de telecomunicaciones va disminuyendo progresivamente. Algo francamente sorprendente, bajo mi punto de vista. Por vergüenza no diré la cantidad, pero parece que hay una clara disminución en la gente que entra a telecomunicaciones, ya no sólo en Navarra, sino también a nivel estatal.

           La tendencia también parece expandirse fuera de nuestras fronteras, tal y como muestra una gráfica de la Comisión Europea mostrada por el NY Times el año pasado (Fig. 1). En ella se ve que la demanda de nuevas necesidades en el sector TIC europeo no se corresponde ni por asomo con el número de graduados en el viejo continente. Pero permitidme que me centre en comentar lo más cercano, porque es eso lo que me importa realmente.


Fig. 1. ¿Cómo puede haber tanta diferencia entre la demanda y la oferta de egresados en el sector TIC?
Fuente: NY Times.

Lejos quedan aquellos años (una década, prácticamente) donde el número de matriculados en la carrera de telecomunicaciones superábamos con creces los 100 alumnos/curso sólo en la carrera superior. Otro tanto en la diplomatura que, en la UPNA, era por entonces “procesado de imagen y sonido”. Contrariamente a lo que se esperaría, asistimos estupefactos a un claro descenso que incluso hace peligrar la continuidad de la carrera a nivel estatal, al mismo tiempo que la demanda de profesionales de las telecomunicaciones a nivel global va en crecimiento.

Otro dato que corrobora esta tendencia alcista en la demanda de servicios de telecomunicaciones es una noticia que salió hace casi un año, cuyo titular decía que en España “tenemos más móviles que personas. Las compañías parece que se pelean más que nunca por ofrecer ofertas de todo tipo. Televisión, teléfono e internet van ya unidas en las ofertas, pese a que siempre haya alguna trampa que nos hace picar como borregos. En este sentido, soy de los que piensa que seguimos viviendo en un monopolio encubierto a pesar de la ley de liberalización del 98, pero bueno, ya hablaré de eso en alguna próxima entrada.

Pero volviendo a lo que nos atañe, hay indicadores que reflejan que “no es todo oro lo que reluce” y que, de no hacer algo, estamos ante una debacle en el desarrollo de las telecomunicaciones en España, a pesar de la alta demanda global. Y eso que somos uno de los países en los que, y yo puedo dar fe de ello, mejor se formaba a la gente en esta disciplina antes de la llegada de “El boloniazo”. En el caso de la UPNA, prácticamente todas las promociones anteriores a la mía están trabajando tanto en España como en el extranjero, y sin muchos problemas de colocación. Quizás tanto los míos como todos los ingenieros superiores anteriores a la imposición del plan Bolonia, nos ha costado entrar en un sitio o en otro, pero al final hemos acabado o estamos acabando en algún lado. Es decir, que hay trabajo en el sector. Y si no en España, en el extranjero. Pero hay. Entonces, ¿qué es lo que está pasando?

Recientemente, hemos mantenido una serie de conversaciones entre varios compañeros de departamento en la UPNA. La cantidad de alumnos que se están matriculando en los últimos años en grados relacionados con las telecomunicaciones está bajando temerosamente. En concreto, en la UPNA, la cifra de matriculados en primer año de los grados TIC en el curso 14/15 se redujo a un tercio de lo que fue hace 12 años, cuando yo entré. Además, las notas de corte ya son prácticamente inamovibles (Fig. 2): un 5 “pelao” para TODAS las ingenierías. Todo lo contrario ocurre en los grados de letras, donde los casos más llamativos son LADE con derecho y la doble internacional, con unas notas de corte que ni en medicina.

Fig. 2. Notas de corte de los grados en la UPNA. Curso 2015-2016. Fuente: UPNA.

Como egresado de las telecomunicaciones, me preocupa este tema, así que he realizado una pequeña búsqueda por la red. He dado con un par de informes interesantes y relativamente recientes. 1-3 años de retraso se considera reciente para estas cosas oficiales…

El primero de ellos es un informe sobre el perfil del teleco actual. Leyendo el documento, de 2013, se trata de una oda al teleco español y a sus virtudes. Obviamente, está realizado por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación en España, que es el que se supone que vela por todos los telecos nacionales, estén metidos en la profesión que estén. Pues bien, por supuesto no cubre a todos los telecos y se centra en un grupo de aquellos que están asociados/colegiados (redondeando, 2.000 de 12.000). Pero bueno, si asumimos pulpo como animal de compañía, podemos analizar sobre el terreno. He extraído 4 conclusiones más o menos relevantes para lo que quiero comentar en esta entrada:

  1. El perfil del teleco español medio es un hombre, con más de 10 años de experiencia en el sector. O sea, que estaríamos hablando de unos más de 35-40 años.
  2. Los telecos están sobradamente preparados y además de su ingeniería, llegan incluso a estudiar doctorados o algún post-grado, bien tecnológico o bien de tipo empresarial. Tienen una asignatura pendiente con los idiomas, aunque se desenvuelven bastante bien con ellos.
  3. Un 89% de los encuestados está trabajando, principalmente en TICs, departamentos de I+D de empresas y educación y por cuenta ajena. El salario medio anual es de 25.700€ para menos de 5 años de experiencia y de ¡¡56.000€!! para aquellos con carreras consolidadas. Y, para variar, como buen ejemplo de país del siglo XXI, cobrando más ellos que ellas.
  4. En general se puede decir que el teleco está contento con su trabajo, aun invirtiendo unas 45 horas de media semanales. Incluso puede plantearse seguir estudiando para mejorar su currículum y optar a un puesto de relevancia con el cual solucionarse la vida.

Todo este aparente buen rollo podría ser creíble, de no ser porque todo se ve difuminado al final del documento con datos bastante más cercanos a la realidad y de los cuales el propio colegio se sorprende. Y es que de aquellos telecos encuestados que están fuera de España, que los estiman en el 4% (ya os digo yo que la cifra real total es mayor), el 70% no piensa volver. Es más, se habla con sorpresa de una “fuga de cerebros” y de que hay que tratar de revertir la situación. Se menciona también que hay una “ligera desmotivación por el empleo que desempeñan los más jóvenes del colectivo manifestando interés en cambiar”. Algo se estará haciendo mal cuando la desmotivación de los que empiezan es considerable y cuando aquellos que salen se plantean seriamente su vuelta.

En los gráficos extraídos del propio informe y que os paso en la figura 3 (Fig. 3), hay también datos relevantes.

En primer lugar, fijémonos en el pastel de los sexos (Fig. 3a): ni siquiera una quinta parte del personal es femenino. Espero que nadie concluya, con esto, que hemos descubierto América. No voy a abogar por la igualdad en el número de mujeres y hombres porque sería demagogia. Desde siempre ha habido una tendencia a que las ingenierías hayan sido cosa de hombres, si bien yo he tenido la suerte de compartir aula con compañeras muy buenas y aplicadas. No obstante, el dato llama la atención por la tendencia. Incluso no abarcando a toda la población de telecas, el pastel se acerca bastante a la realidad. Y tras haber conocido a unas cuantas generaciones de estudiantes, se nota la tendencia a la baja del número de mujeres interesadas en la carrera. Es decir, que aprender cómo diseñar y trabajar con TICs es cada vez menos atractivo para ellas. Lo cual es una pena, sobre todo sabiendo que aquellas que han conseguido finalizar la carrera, al menos en la UPNA, han sido brillantes y, sobre todo, unas excelentes trabajadoras.

Pasamos a los cursos de especialización (Fig. 3b). Es claramente notable que en España seguimos con el eterno problema de los idiomas. No obstante, parece que nos actualizamos en todo lo que podemos relacionado con nuestras profesiones. Pero volvamos a mirar de nuevo el gráfico Fig. 3b. Certificaciones de proveedores de empresas, certificaciones técnicas, certificaciones en gestión de proyectos, cursos de gestión empresarial… Es decir, nuestra carrera carece claramente de contactos con empresas del sector y apenas se da una formación mínimamente empresarial. Si lo que se espera es que el teleco vaya a una empresa a trabajar, esto no concuerda con la formación que se da actualmente, ¿no? ¿Y qué hay de ese 25% que dice que no se actualiza? Porque no me creo que tal y como van evolucionando las cosas, no haga falta actualizarse un mínimo para estar al día. Y además es un 25%, algo increíble.

          Afortunadamente, la aplastante mayoría de los telecos trabaja en empresas del sector de las TIC, junto con un 23% de gente metida en temas de investigación y y/o docencia (ver Fig. 3c). La cuestión es si ese 50,6% de la gente trabaja en cargos técnicos o se ha tenido que reciclar/adaptar al entorno empresarial y, por tanto, dejar toda la parte técnica para pasar a gestionar o incluso comercializar. En telecos se estudia para diseñar radioenlaces de antenas, redes de comunicaciones por fibra óptica, procesamiento de señales con electrónica y gestión de redes de ordenadores. Hasta qué punto esto está relacionado con vender productos de tu empresa, gestionar clientes, realizar proyectos que estén acordes con lo que se solicita en el mercado… Quizás esto es algo que habría que mirar, en vez de dar tanta materia básica que luego se va a quedar en el olvido porque para algo están los simuladores. Que sí, que ayudan a comprender lo que pasa. Pero que ese no debería de ser el objetivo final de la carrera, sino sacar gente preparada para entrar en la empresa y producir con una mínima actualización.

Por último, comentar las consecuencias de la burbuja que supuso el boom de las telecomunicaciones (Fig. 3d). Es claramente visible que alguien que comenzara a trabajar en torno al año 1998 encontró trabajo pronto y, como era una época de vacas gordas, el número de egresados era alto. Toda esa gente ahora trabaja sin problemas porque o copa ya cargos directivos o ha podido establecerse en una universidad o puesto mínimamente fijo. Al resto nos ha costado o está costando encontrar algo más o menos estable. Sin embargo, vista la coyuntura global de la figura 1, la demanda cada vez es mayor. Nuevamente: ¿qué es lo que está pasando?

Fig. 3. Impactantes gráficos del Informe sobre el perfil del teleco. Fuente: COIT.

Quizás parte de la respuesta la encontremos en el segundo informe que os presento. Es verdad que es de 2012, pero las tendencias, por lo visto, son irrefutables. Se trata de un documento realizado por Everis, en el que se proyecta la tendencia de las carreras TIC de aquí a un lustro y cómo van evolucionando las matriculaciones en las carreras TIC, provenientes desde los últimos cursos de los institutos. El resultado más importante se refleja en Fig. 4. Ya en la primera década de los 2000 se comenzó a notar un descenso de las matriculaciones en las carreras TIC, solo que es ahora cuando la caída parece ser en picado. El informe estima que entre 2001 y 2010 el número de ingresos en los grados de ingeniería en España descendió un 44%. Pero es que la página siguiente pone que los graduados en todas las etapas disminuyeron considerablemente, llegando a alcanzar el 30% en el caso de las carreras universitarias superiores y hasta el 56% en el caso de las carreras técnicas. La temible proyección es que el descenso de graduados en los grados TIC en España será de un 40% en el curso 2018-2019, a menos que nadie lo remedie.

Fig. 4. Presente y futuro de las matriculaciones/graduaciones en carreras/grados TIC en España. Deprimente, a menos que hagamos algo. Fuente: Everis – INE – MEC.

La última frase de esta noticia es que en Everis están “trabajando en un estudio que permitirá entender las motivaciones de los jóvenes y su proceso de decisión para poder actuar de manera más adecuada, avanza Sergio Marco, sobre la preocupación de encontrar las causas de esta disminución de ingenieros.”

Se habla de motivación. Recuerdo que mi elección del Bachillerato fue claramente por ciencias y ya, en el paso de 1º a 2º, fue por ciencia y tecnología. Odiaba todo lo relacionado con las letras y luego, pese a que no me iba mal en ciencias básicas y en biología, etc, me apasionaba más la creación tecnológica. Más adelante, en la elección de la prioridad de la carrera, tuve mis dudas, aunque una conversación muy clarificadora con mi tutor de Jesuitas, el profesor Miguel Ángel Linzoáin, me hizo apostar por telecomunicaciones. Y tuve claro, desde entonces, que el orden iba a ser Telecomunicaciones, Informática, Industriales. Pasaba de la tecnología macro. Tenía verdadera curiosidad por la tecnología micro (lo nano aún tardó en llegar), las ondas, cómo demonios funcionaban los móviles, cómo era posible ver los canales de televisión de la otra punta del mundo, cómo se gestionaba internet… Esa curiosidad me llevó a una motivación que me hizo decantarme claramente por telecomunicaciones.

Motivación y curiosidad. Dos palabras que creo que tienen mucho que ver con el desarrollo de las TICs. En cualquier ingeniería o carrera de ciencias, en realidad. Pero que son especialmente importantes en telecomunicaciones, bajo mi punto de vista. Y creo que mucho de eso es lo que falta infundir en los chavales hoy en día (tanto chicos como, sobre todo, chicas), para poder hacer que vuelvan a entrar en un sector que, insisto, sigue creciendo a nivel global, por mucho que en España nos estemos atascando.

Colaborando un poco con el trabajo de Everis, a continuación esbozo unas pocas causas que, a mi juicio, y sin análisis estadísticos, están produciendo esa desafección hacia las carreras TIC y, sobre todo, hacia las telecomunicaciones. No es un análisis científicamente probado por componentes principales, pero sí basado en la experiencia, cosa que, al fin y al cabo, es lo que cuenta.

1.  Los estereotipos sociales. En ocasiones, las excusas vienen del complejo de “frikis” que tenemos. Los propios egresados tragamos con ese complejo y a estas alturas es complicado deshacerse de él. Pero ¿qué tal si minimizamos el efecto que ese “friki” hace sobre nuestra profesión? ¿Acaso no tenemos sentido del humor? Y en cualquier caso, si ser una persona apasionada por tu profesión o que trata siempre de alcanzar la excelencia en su trabajo es ser “friki”, yo me declaro como tal. Adoro trabajar en lo que me gusta y tengo a suerte de no trabajar esclavizada/o simplemente por ganar dinero.

2.   La dureza. En miles de conversaciones aparece siempre la misma cuestión. “¿Eres teleca/o? ¡Jo!, pero esa es una carrera dura, ¿no?”. En ocasiones, no sabes si te ven como algún tipo de deidad a la que venerar o como el típico científico loco con gafas de culo de vaso y dientes de conejo encerrado en su laboratorio. Señoras y señores, ¡bienvenidos a la realidad! El colectivo de telecos estamos destinados a mejorar las comunicaciones de la humanidad y a facilitarnos la vida en el futuro. Eso requiere estar a la vanguardia en las 4 disciplinas de nuestra carrera, recordamos: telemática, electrónica, procesamiento de señal y sistemas de telecomunicaciones. Pero ojo, no es más dura que industriales, ¿eh? Que también los industriales las pasan canutas. Y hacemos cosas bastante parecidas. Lo único que nos diferencia es las aplicaciones y el tamaño de los circuitos. Eso sí, vuelvo a repetir: motivación y curiosidad. Ingredientes esenciales para poder ir más allá y esforzarse en el conocimiento de más cosas y aplicaciones que puedan surgir a partir de lo que se estudia. Se exige un plus de esfuerzo, todo hay que decirlo. Pero a mi juicio, la recompensa es muy gratificante.

3.   La carestía. No es excusa, a día de hoy, a menos que no te puedas permitir pagar lo que cuesta. Pero si no puedes pagarlo, será porque no puedas pagar ni este grado ni ningún otro, tal y como se han puesto las tasas en la universidad en general. Desde siempre los grados/carreras de ciencias son más caros que los de letras. Y todos han subido de precio, gracias al actual gobierno.

4.    Hay poco trabajo. MENTIRA. Es verdad que en España, debido al monopolio encubierto que, bajo mi punto de vista, vivimos, no hay una clara expansión de las TICs. Pero sí hay trabajo si se busca activamente y sobre todo hay trabajo fuera. Si tu perfil es viajero, además del programa de Erasmus/ISEP que seguro que hay en tu universidad, tendrás posibilidades de trabajar en el extranjero cuando acabes la carrera. Y si tu perfil es no tan viajero, pero sí creativo, innovador y avispado, tienes altas posibilidades de quedarte por España y comenzar desde un puesto bajo, posiblemente, pero ir subiendo con el tiempo. Tengo muchas personas conocidas a las que les ha pasado una de las dos situaciones, pero siempre han acabado trabajando. Trabajo hay seguro. Sólo hay que ser abierta/o de mente e ir a por ello.

5.    Falta de fomento. Y de eso tenemos mucha culpa todos los que formamos el colectivo de telecos, a todos los niveles. Empezando por la instancia más alta: el propio Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación y sus diferentes asociaciones provinciales (la ANIT, por ejemplo, aquí en Navarra). No se trata de cubrir únicamente a los que tienen responsabilidades fuertes en empresas o a los que diseñan ICTs. No se trata únicamente de organizar cenas en las que van los 4 de siempre para verse las caras año a año y ahí se queda la cosa. Hay emprendedores, hay investigadores, hay comerciales. Hay gente que ni siquiera está desarrollando labores de teleco porque no ha podido y se dedica a otra cosa para ganarse el pan, pero que no le importaría dedicarse a lo que en su día estudió. Hay que moverse más por la profesión. Cursos de actualización (no sólo en Madrid), mejores ventajas por colegiarse/asociarse, puestos de trabajo relacionados con nuestras temáticas, informes, mayor cercanía con la sociedad a la que damos servicios, divulgación y actividades que den cercanía con la población y hacerla saber que estamos para darle servicio y para mejorar sus comunicaciones y sus tecnologías. Y abogar por una verdadera liberalización de las telecomunicaciones. Que sí, que se están haciendo cosas, y probablemente lo que se puede dentro de lo que hay. Pero que seguro que se puede hacer más para que las nuevas generaciones entren y salgan contentas de ser ingenieras de telecomunicación. Los industriales tienen colegios por todos lados y se fomentan entre ellos cosa mala. Todos los años 100 personas mínimo aquí en la UPNA para comenzar la carrera. Leñe, hagamos nosotros también por que ocurra lo mismo en telecomunicaciones, que no cuesta nada.

6.    Desadaptación a la demanda. La mayoría acabamos la carrera cansados después de los años de estudio y algunos pencos a nuestras espaldas. Total, para luego acceder a la empresa y comenzar con labores poco acordes para lo que te has formado. Sin mencionar los cursos acelerados de actualización para ponerse al tanto en temas empresariales o en las labores que se van a desempeñar en el puesto de trabajo. Aquí quizás tiro piedras contra mi propio tejado, pero si de algo estoy convencido es de que hay que dar un giro de tuerca al enfoque del grado. Tratar con empresas para que asesoren en temas de emprendimiento y/o asignaturas de empresa. Teoría, sí, pero sobre todo más práctica y más realismo, que nuestra carrera no se entiende si no hacemos cosas reales. Idiomas. Tejer una red de contactos que asegure que la gente sale y encuentra un puesto mínimamente remunerado. Realizar asignaturas clave del grado en base a proyectos reales, en los que la gente se implique de veras y pueda encontrar utilidad a lo que está estudiando.

Y posiblemente me deje otras más importantes que las que he mencionado, pero que no me pararé a analizar por no extenderme infinitamente. A ver si en el siguiente informe de Everis queda más claro qué es lo que hace que la gente no esté motivada para entrar en telecomunicaciones. Por cierto, si me mandan una copia, yo encantado de recibirla ;)

Fig. 5. Díptico de la jornada de orientación en el grado de telecomunicaciones de la UPNA 09/05/2015.
Fuente: ETSIIT-UPNA.

          Pero que no cunda el pánico. Parece ser que algo ya se está haciendo, al menos desde la UPNA, para intentar remediar la situación. El pasado 9 de mayo asistí a una jornada sobre el nuevo plan de estudios que conforma el nuevo título de telecomunicaciones. El díptico de la jornada es el que se ve en la figura 5 (Fig. 5). La dirección actual de la Escuela Técnicas Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación de la UPNA (ETSIIT-UPNA) convocó a los potenciales estudiantes y a las familias que lo desearan a unas charlas sobre lo que es el nuevo título. Como uno más asistí yo también, a fin de ver si la antigua carrera se había em-Bolonia-do tanto, que sería irreconocible. Pero reconozco que salí bastante positivo de la charla. Quizás no tanto de la afluencia de gente joven (en la foto del enlace se puede ver que fueron casi tantos padres como hijos, sobre todo, pocas hijas), sino por ver que la filosofía de la carrera trata de adaptarse a la actual coyuntura, pero sin perder la esencia. Saqué varios puntos fuertes en esta jornada:

1.    No hay un cambio tan bestial de estudiar en Bachillerato a estudiar en la universidad, ya que está previsto el seguimiento del alumnado a través de la tutorización personalizada (ya hubiera querido yo tener eso) y la evaluación continuada de las asignaturas. Más carga para el docente pero, bajo mi punto de vista, más justa la evaluación del estudiante, que es, al fin y al cabo, el que opta a sacar adelante la asignatura y el que paga por ese servicio. Eso sí, en la jornada ya quedó claro que habría que trabajar para conseguirlo, como no podría ser de otra manera. Trabajar con ilusión, porque además el enfoque pretende ser bastante educativo y asequible. Pero trabajar. Y yo añadiría más. No habría que aceptar en el grado a nadie que no tenga un espíritu de trabajo. La carrera y, por lo que tengo entendido, la profesión, lo requieren.

2.    Efectivamente, se adaptan los estudios a la chorrada esta del (3-4) + 2. En este caso, telecomunicaciones son 4 años de grado específico + 2 de generalización, que haría las veces de máster, cumpliendo así con las imposiciones de Bolonia + LOMCE. Pero con dos salvedades:

a.    Quien opte a cursarlo todo (6 años), obtendrá un título con estudios equiparables a haber cursado una carrera como la antigua superior, como es lógico. Y además, se le reconocerá como si fuera un ingeniero superior (profesión reglada) a ojos del COIT-MEC, lo cual es interesante de cara a las empresas, que quieren que sus telecos tengan una equiparación a los de antes y no menor, como impone Bolonia + LOMCE. En este sentido, el coste por curso será el mismo que el del primero y no se verá incrementado por pasar de grado a máster. Las repeticiones ya serán cosa del estudiante.

b.    Se crea un grupo de sólo inglés que será el pionero del grado. Los estudiantes que opten por esta vía deberán acabar sus estudios en 5 años y se les hará una certificación internacional, indicando que la han estudiado en inglés, con el plus que eso conlleva. Los precios no varían respecto de la anterior opción.

Por supuesto, en cualquier momento se puede optar por cursar asignaturas en inglés, debiendo acreditar un nivel B1 al finalizar los estudios en todos los casos, como en todos los grados actuales impartidos en la UPNA.

3.    De los 4 primeros años, el primero es común a TODAS LAS INGENIERÍAS, de manera que se pueda hacer un cambio a tiempo durante el primer año.

4.  2º y 3º son más específicos de TICs y al final de 3º y durante todo 4º se cursarán las especialidades: telemática, procesado de imagen y sonido, sistemas de telecomunicación o electrónica.

5.   La formación en estos 4 primeros años es genérica pero, como se ha comentado, no habilita para ser un teleco reglado. Por ello, para alcanzar esa meta se propone seguir cursando 2 años más, es decir, 6, es decir, lo mismo que nos pasó a los antiguos telecos superiores.

6.   Por descontado, en cualquier momento se pueden cursar más másteres para conseguir una especialidad. En mi caso, por ejemplo, hice el de ingeniería biomédica. Y aquí estoy vivito y coleando.

Ahora, la pregunta es: ¿se puede hacer más como ETSIIT-UPNA? Por supuesto. Una simple enumeración de propuestas que se podrían realizar para atraer a la gente: acuerdos con el COIT/AEIT/ANIT (aquí en Navarra); acuerdos con empresas de televisión, internet y telefonía; acuerdos con la ESA/NASA (sí, también con la NASA) para la exploración del espacio y de las comunicaciones con satélites; visitas a colegios; charlas divulgativas sobre cómo se consiguen las comunicaciones; trasladar la investigación de los grupos a la sociedad y en las aulas en la universidad al dar clases.

Pero bueno, todo este tocho, ¿para qué? Para alertar sobre el estado de la carrera y de la profesión, para prevenir sobre su futuro en nuestro país y para encontrar razones por las cuales cursarla. “Por qué estudiar telecomunicaciones” preguntaba retóricamente el título. Bajo mi punto de vista, hay varias razones que lo justifican:

a)  Somos una de las ingenierías más atractivas y con futuro. Contribuir a desarrollar la tecnología y las comunicaciones del futuro es un placer que sólo se puede obtener siendo teleco, a día de hoy. Y hay muchísimo camino por recorrer. No lo perdamos.

b)  Somos consumidores de creatividad e innovación. En general como todo ingeniero/científico. Pero en este caso particular, como dijeron los ponentes de las charlas de la UPNA, tenemos ese plus de que nos guste lo que estamos haciendo y tratemos de hacer un trabajo excelente. Sobre todo si te dedicas a I+D o a preparar prototipos de dispositivos nuevos, siempre estás dándole vueltas a la cabeza para ver cómo mejorar. Y eso no es más que un afán de superación y una demostración de que das lo máximo por tu objetivo.

c)   Somos globales. Asumámoslo de una vez. Hoy en día es inútil vivir de espaldas al resto del mundo. Cada vez más la sociedad nos exige estar interconectados y además, salir al extranjero es una experiencia única. Y siempre se puede optar por volver si las circunstancias personales o profesionales así lo requieren. Nuestra profesión funciona en todo el mundo.

d)    Somos multidisciplinares. Tocamos prácticamente todos los palos: 
  1. Gestionamos las redes de ordenadores de las empresas,
  2. Diseñamos redes de sensores para obtener información que luego podemos usar para nuestro beneficio (mejora de la aplicación para la que estamos trabajando), el de la sociedad y el del medio ambiente,
  3. Diseñamos e instalamos las comunicaciones en todos los edificios,
  4. Damos servicios de TV, telefonía, internet y diseñamos protocolos de comunicaciones con diferentes lenguajes de programación,
  5. Diseñamos y gestionamos las comunicaciones con los satélites,
  6. Conectamos el mundo a gran velocidad gracias a las redes de fibra óptica,
  7. Colaboramos también, con los astrofísicos, para extraer información del espacio y de sus cuerpos celestes y poder maravillarnos con otros mundos exteriores. ¿Quién sabe si podríamos comunicarnos con otros seres que haya por ahí perdidos?
  8. Y quizás la más importante para mí, por la parte que toca: ayudamos a las personas.
    • Creamos redes de conexión remota para localizar a personas con movilidad reducida y colaboramos con ellos para hacerles la vida más sencilla,
    • Ayudamos a que la administración sea más rápida y eficaz y de manera remota,
    • Ayudamos a diagnosticar y curar a las personas, mejorando los diferentes sensores, el procesamiento de las señales cardio, neuro y dando mejor nitidez a las imágenes que obtenemos con los aparatos de imagen médica,

Sinceramente, no se me ocurren mejores alicientes para ser ingeniero o ingeniera de telecomunicaciones. Una profesión muy bien reconocida y remunerada (en España, sí, pero también fuera) con una visión de servicio para facilitar la vida y la interconexión de las personas. Definitivamente, pon un teleco en tu vida. Y si no lo tienes y te ves capacitada/o, sé uno de los nuestros.

Seguimos leyéndonos ;)


P.D. Parece que estoy haciendo campaña en favor de las telecomunicaciones en la UPNA. De hecho, esa es mi intención. Paz y amor. Eso sí, creo que he puesto los requisitos necesarios para cursar el grado correctamente. Si alguien de la ETSIIT-UPNA considera que hay que modificar algo, por favor, que me lo haga saber, y seguiré haciendo toda la publicidad posible. Gracias.