jueves, 15 de mayo de 2014

La medicina en la Edad del Oro

Qué mejor manera de celebrar un número tan importante para mí este año como el 30, que dedicándole la trigésima entrada del blog al elemento más preciado de la tabla periódica: el oro.


Definamos el oro. El oro es ese metal con el que mucha gente ha querido ostentar poder, agasajar a las más bellas doncellas, esclavizar a miles de personas por poseerlo, gestionar los negocios más turbios de nuestras civilizaciones, luchar por el último gramo de fuerza que haya en el cuerpo para conseguir la gloria deportiva... El oro es símbolo de alto estatus o de derroche de dinero, de dominación y/o supremacía en algún sentido. Las grandes capitales de los países desarrollados adornan muchos de sus monumentos con oro, dando a entender que en algún momento la civilización que se desarrolló en la zona fue próspera y que sigue tratando de serlo. 
 
El oro es el elemento 79 de la tabla periódica. Un metal de transición, pero por el que la humanidad ha mostrado su peor cara cada vez que se ponía en frente... Igual que los de su misma columna...

Por el oro la gente ha sido capaz de matar. Y si no, recordemos la llamada “fiebre del oro”, donde los campesinos norteamericanos y exiliados de los frentes de guerra dedicaban jornadas completas al filtrado de la tierra que horadaban sin parar para poder conseguir algo que les volviera ricos de por vida. Y si hacía falta matar al de al lado para conseguirlo, se hacía. Los corsarios, los piratas del renacimiento…  Cuánta sangre se habrá derramado y cuántos tesoros y barcos existirán hoy en día bajo las aguas de los océanos, simplemente por querer obtener tan codiciado metal… Y sin embargo, paradójicamente, ya en esas épocas el oro ayudaba a alargar la vida de las personas. Y es que el oro, en su justa medida, puede ser terapéutico. Veamos ejemplos de ello.


No sería el primer caso en el que alguno de nuestros mayores (o no tan mayores) llevan coronas de oro en sus prótesis dentales, si bien la cantidad de oro es la suficiente como para dar biocompatibilidad y, generalmente, las zonas exteriores de contacto de la corona. A menos que se lo pueda permitir, nadie lleva prótesis completas de oro (quizás los piratas de antaño sí). Y la razón no es que a la persona en cuestión le apetezca gastarse un pastizal en ponerse oro en la boca para mostrarlo cada dos por tres en señal de orgullo (que todo podría ser). 



El oro es uno de los elementos más estables. Eso quiere decir que no reacciona con nada y se mantiene totalmente neutral en presencia de sustancias biológicas o de, incluso, colonias de bacterias micrométricas, como es el caso de la mucosa bucal. Vamos, que, o se elimina sólo o aunque esté dentro, no pasa nada. Por ello, esa corona no se va a ver afectada por infecciones internas o externas, porque nada va a destruirla, a no ser que se dé un buen golpe o, por supuesto, el paso del tiempo la vaya desgastando. Debido al incremento de su precio en el mercado, ahora cada vez se buscan materiales más baratos o, al menos, mejor manejables, estéticos y disponibles para diseñar las dentaduras, como el polietileno y/o el titanio. Pero durante una buena época, la gente llevaba oro en la boca como una cosa más.

Exactamente por la misma razón, todos aquellos que llevan joyas de oro nunca se quejan de alergias. El oro no reacciona con nada biológico y por tanto no genera radicales libres ni se asocia a ellos para que puedan desencadenar una respuesta alérgica del cuerpo, al igual que la plata.



No es que sea yo muy fan de los cosméticos, pero sí que es verdad que, debido a sus características metálicas, refleja la luz visible, con lo que se usa para dar mayor luminosidad a las caras de las candidatas/os a ser miss o míster cara brillante y bonita.



Peeeeeero he aquí el quiz de la cuestión. Si estoy tocando el oro, en esta ocasión es por algo. Y ese algo es que, además de la biocompatibilidad deducida de todo lo anterior, el oro también se está comenzando a usar en aplicaciones que tienen que ver con el diagnóstico y terapia posterior para los pacientes.

Curva de decaimiento de la radiación
del 198 Au. Se estima que cuando la
radiación cae a la mitad de intensidad,
el radiofármaco pierde la mayor parte
 de su efectividad (casi 3 días)


El primero de los casos lo encontramos en uno de los gemelos del oro: el 198Au. Sí. Pese a ser un elemento estable (196Au), también podemos añadirle más o menos neutrones y convertirlo en un radioisótopo. Vamos, que se usa para radioterapia en tratamientos contra el cáncer y, más concretamente, para el de próstata. Generalmente, las sustancias que nos introducen cuando nos someten a un tratamiento de radioterapia tienen un tiempo de vida durante el cual continúan radiando energía nuclear para ejercer su efecto en los tejidos dañados. Bueno, pues para tratamientos continuados se suele usar el 198Au, ya que su tiempo de vida es de casi 3 días. De esta manera, es algo que entra y sale del cuerpo sin asimilarse, a la vez que ejerce su efecto.




Además, sin necesidad de radiar, lo que se está tratando de hacer últimamente es introducir dosis infinitesimales de fármacos en partículas de oro de tamaño nanométrico, con el fin de liberarlos en las zonas donde se detecte la presencia de células tumorales. Se trata de una técnica aún en fase de investigación pero muy prometedora, que se denomina “drug delivery” (o sea, liberación de fármacos). Gracias a un tratamiento de la superficie de las nanopartículas de oro, éstas quedarían adheridas a las células malignas y podrían liberar en ellas los fármacos habituales para eliminarlas, dejando el resto de células saludables intactas. Además, como buen metal, el oro conduce muy bien el calor y la electricidad, con lo que también se estaría pensando en focalizar energía (básicamente, luz) sobre las nanopartículas de oro para calentarlas y eliminar por temperatura las células malignas, una vez adheridas a estas.


Finalmente, la guinda del pastel la pone una de las aplicaciones en las que está basada mi tesis doctoral: los biosensores. Generalmente, estas aplicaciones se realizan sobre soportes basados en vidrio (sílice) y jugando con la luz para obtener los resultados deseados.

Depositando oro sobre el vidrio, se genera un fenómeno denominado “plasmón de resonancia superficial” o SPR (en inglés), que podemos medir para obtener nuestra aplicación biosensora. Para ello, sólo hay que “pegar” anticuerpos sobre el oro, diseñados contra una determinada enfermedad o marcador de la misma (llamado antígeno), de manera que podemos detectar la presencia de esa enfermedad en, si todo va bien, suero sanguíneo. Hay algunos trabajos sobre ello y ha habido algún intento de comercializarlo, como el de General Electric con el sistema “Biacore”, aunque aún dista bastante de convertirse en una realidad.

Tecnología propuesta por el sistema Biacore de GE.

En definitiva, que el oro ya no sólo es capaz de generar tragedias para conseguirlo, sino que, desde el punto de vista “ingeniero-biomediquil”, puede aplicarse para mejorar la calidad de vida de los pacientes, siempre y cuando estas terapias posean la fiabilidad que requieran los protocolos médicos más estrictos. Con un poco de suerte, comenzará una nueva Edad del Oro, donde el objetivo principal será salvar vidas ;)