sábado, 15 de marzo de 2014

La implicación de los clínicos es básica

Saludos desde la antigua ciudad de “Nuestra Señora de Los Ángeles sobre el Río Purciúncula”, o sea, desde Los Ángeles (California, Estados Unidos), donde me encuentro actualmente realizando una estancia de investigación. Está siendo toda una EXPERIENCIA (sí, con mayúsculas), y pretendo investigar y disfrutar de esta ciudad y de sus alrededores todo lo posible. Esperemos que así sea.

En esta ocasión os escribo con prácticamente el mismo tema que en mi última entrada en este blog, pero desde el otro punto de vista importante: el clínico. “¡Ah! ¿Pero eso se puede hacer?” pretendía ser una llamada a clínicos e ingenieros para colaborar en el mundo de la ingeniería biomédica, pero enfatizando el papel de los ingenieros como comunicadores, comerciales y facilitadores de esas tecnologías. Ahora trato de llamar la atención de los clínicos, para que la simbiosis sea mutua y el equilibrio de fuerzas quede también patente en mi discurso.


Dr. David Agus, HSC en USC

Estas líneas las estoy escribiendo basándome en una reciente reunión del grupo de investigación en el que actualmente me encuentro (Armani Research Lab) con otro grupo de investigación de corte principalmente médico, comandado por el doctor David Agus. Por resumir, la investigación que se realiza en el grupo del Dr. Agus está basada en encontrar y modelar los mecanismos que generan el cáncer, así como del estudio de los factores que hacen que se desarrolle de una manera o de otra. En este sentido, hay numerosas publicaciones de Agus relacionadas con el tema, pero también destacan las continuas colaboraciones de su grupo con gente del ámbito de la ingeniería y de la investigación más básica, para tratar de buscar soluciones al crecimiento celular anómalo.




Bien, pues aquí está el “quiz” de la cuestión. Reconozco que me sorprendió ver cómo el Dr. Agus se desenvolvía perfectamente hablando con nosotros, gente del ámbito científico puro, para llegar a puntos en común.

Prof. Andrea M. Armani, UPC en USC
 Por haceros una idea, en el grupo de investigación con el que trabajo tratan de hacer biosensores basados en una tecnología de microresonadores ópticos. Independientemente del funcionamiento de esta tecnología, sus puntos fuertes se concentran en la detección, prácticamente probada, de moléculas, diferencias entre ellas, e incluso de conformaciones diferentes en su estructura. Ser capaces de detectar esto es, como mínimo, importante, porque podríamos ver qué cambios específicos son lo que estimulan las reacciones en el cuerpo humano. En definitiva, estamos hablando de poder detectar cosas muy pequeñas con alta precisión y especificidad. Quizás esto es lo único que sorprendió de veras a los miembros del grupo de investigación del Dr. Agus, como a día de hoy me sigue sorprendiendo a mí.



Pero el resto, es decir, la física aplicada o el (atención, que me voy a poner muy técnico) “cómo un láser puede excitar una fibra estrechada para acoplar luz de la fibra a un microresonador toroidal y generar una resonancia con alto valor de Q que dé lugar a un espectro que puede ser modificado por la biología para detectar lo que queramos”, lo entendió perfectamente. O al menos, Agus entendió la idea general de cómo el proceso de detección se llevaba a cabo. Es más, superada esa “barrera”, no hizo más que preguntar cosas sobre cómo se calcularían las mediciones que pretendía hacer, velocidades, especificidad, repetibilidad,… Y se creó un ambiente total de familiaridad con él que dio lugar a una más que posible colaboración en camino. Por otro lado, también es verdad que la experiencia del Armani Research Lab en temas de detección de eventos biológicos es bastante amplia, con lo que a la reunión se fue con un bagaje importante en este tema y con las cosas claras sobre lo que se podría ofrecer y lo que no.

Pues esto es, básicamente, lo que creo que se debería de hacer en nuestro país. Los ingenieros/científicos y, en definitiva, aquellos que trabajamos para producir tecnologías aplicables, tenemos el deber de informar sobre las posibilidades que existen y hacer por obtener dispositivos que sean usables. Pero también hace falta que los médicos se impliquen en esto y sepan ciertas nociones de funcionamiento. Es decir: si en un momento dado hay una necesidad de un equipo o se organiza una reunión médico-científica y se ve que hay posibilidades de colaboración, es del género bobo, con perdón, no aprovechar la ocasión. Por supuesto, es mejor si esa colaboración viene envuelta por una cierta financiación que asegure un mínimo de trabajo decente y remunerado. Pero como comenté en la anterior entrada, el simple hecho de entablar relaciones científico-médicas ya es suficiente para poder emprender caminos que puedan llegar a buen puerto.

Ya sé que estoy en EEUU y que la cultura aquí es otra, quizás. Podremos estar de acuerdo o no con ciertas cosas. Pero todos estamos de acuerdo en que tratar de mejorar la manera en la que damos servicios a los pacientes nunca está de más. Y cuanto mejores sean estos servicios, en mejor disposición estaremos de creer en nuestro sistema de salud y en que estamos haciendo las cosas bien. Por tanto, basta de inmovilismo en ambos sectores. Los ingenieros tenemos que movernos para ofrecer tecnologías buenas, bonitas y baratas. Pero también los médicos pienso que deberían de estar familiarizados (ojo, no especificados) con la tecnología de sus disciplinas. Y si tras empollar como cosacos durante 10 años para obtener un MIR, residencia y comenzar a ejercer, hay que seguirse actualizando, porque los tiempos y las tecnologías, gracias a dios, lo requieren, pues habrá que hacerlo.

Recuerdo en este momento unas palabras de un profesor del máster de ingeniería biomédica que cursé en la UPNA, en relación a la actitud inmovilista de determinados sectores de la profesión clínica. Casi literalmente fueron estas: “tarde o temprano, acabarán sucumbiendo ante la que se avecina”.

Esto no es ningún apocalipsis premeditado, señores. Obviamente, es puro sarcasmo español, pero también se llama “evolución”. Evolución de la mentalidad hacia cosas que han venido, que vienen y que vendrán. Porque el objetivo principal de la medicina y de la tecnología que la apoya no es solucionar la vida de los facultativos una vez que llegan a su puesto y se dedican a curar pacientes para reducir las listas de espera. Definitivamente no. Estamos hablando de mejorar la calidad de vida de los pacientes. Por tanto, el objetivo de la medicina es CURAR PACIENTES DE LA FORMA MÁS EFICIENTE POSIBLE. Lo quieran o no, los médicos son los ingenieros del cuerpo humano. Y siguiendo con el símil, cuando el producto falla, hay que tratar de repararlo de la mejor manera posible, porque para eso se les paga. ¿Cómo se puede solucionar eso? Una de las maneras es disponiendo de la mejor tecnología posible o colaborando para mejorarla con aquellos que, de una manera o de otra, tratamos de hacerlo. Otra es mejorando la eficiencia del sistema, pero me temo que en estas cosas entran otros factores que darían para una entrada más y que no voy a mencionar aquí…

En definitiva, estamos a la cabeza de los sistemas nacionales de salud a nivel mundial. Nunca me cansaré de decirlo porque es cierto, y hay que estar orgullosos de ello. Pero también andar con cuidado porque no nos podemos dormir en los laureles. Los tiempos cambian. Las tecnologías avanzan, afortunadamente. Y todo lo nuevo que sale se puede aplicar, de una manera u otra, para mejorar la salud de los pacientes. Pero de la misma manera que yo pongo la mano en el fuego por que la ingeniería puede y debe hacer cosas para llegar al objetivo, también necesitamos que TODOS los clínicos (no sólo los que me consta que están por la labor) sean pro-activos en este camino, y que sean los guías de las verdaderas necesidades del sistema nacional de salud.

Así que, simplemente, ánimo, valor y al toro. ¡¡Que hay mucho por hacer!!