lunes, 30 de diciembre de 2013

Inocentada 2013: abortando derechos

Son muchos los testimonios existentes desde que el pasado día 20 de diciembre se aprobó la requeterenovada (como todo en este país) ley del aborto. La mayoría coinciden en el cabreo generalizado por la injusticia que supone el texto. Y es que parece que este año la “inocentada” llegó con adelanto para las familias…

No soy un entendido en el tema y considero que hay expertos que podrán explicar de qué va la cosa mejor que yo. Pero yo me guío por sensaciones, por las conversaciones que mantengo y por el sentir general, que en ciertos temas como este, suele ser la opinión más acertada. Los argumentos que voy a esgrimir a continuación están relacionados con el verbo VIVIR. Esa palabra que, como humanos, valoramos muchísimo. Está visto que unos más que otros, pero en general todos queremos vivir. Mal lo tenemos que pasar en esta vida como para que pensemos en dejar de vivir.

VIVIR. En el más amplio sentido de la palabra. Los seres humanos descendemos de animales. Sin embargo, no somos animales que únicamente nacen, crecen, se reproducen y mueren, como decía el anuncio de Polil®. VIVIR es más que el hecho de fecundar un óvulo con un espermatozoide. Es experimentar, imaginar, desarrollar la inteligencia, aprender, sentir, poder tomar decisiones, aunque sean equivocadas… Desarrollarse como personas.

VIVIR es poder levantarte por la mañana sin ayuda mecánica y lavarte tú mismo la cara notando cómo el agua, que notas congelada (sobre todo ahora en invierno), te despierta de golpe. Preparar tu mochila o material de trabajo, vestirte por tí mismo y salir a currar. Desempeñar tus tareas porque vales para lo que tu genética te ha dado facultades y no para lo que tus limitaciones te permiten hacer. Volver a casa para prepararte la comida y retornar al trabajo. Acabar tu jornada y echar unas risas con la gente que sueles relacionarte. Volver a casa, encontrarte con esa persona que te hace vibrar y dejarte llevar por el cariño para acabar, medio groguis y sudorosos, abrazados en un sueño hasta el día siguiente. En definitiva, un cúmulo de sensaciones, de vivencias y experiencias diarias, que únicamente podemos VIVIR si estamos en plenas facultades como seres humanos y nuestro entorno es adecuado para que eso ocurra.

El ser humano tiene derecho a VIVIR. Pero insisto: no a vivir una vida animal, puramente instintiva, basada en reacciones espontáneas con el medio que le rodea. Tampoco a vivir en un contexto socioeconómico desfavorable. Eso no. Nadie queremos eso. Ni para nosotros ni para nuestros hijos. Y el que diga lo contrario o que está dispuesto a asumirlo, miente o tiene alguna movida mental de psicólogo, porque nadie en su sano juicio está preparado para pasarlo mal ni para que sus descendientes lo pasen mal. El ser humano tiene derecho a realizarse física y mentalmente. Pero para ello tiene que estar en plenas facultades.

A todo esto, mientras dejamos nacer o no a los fetos, nos olvidamos de las personas que van a educarlos durante sus primeros años. Tanto que se ondea la bandera de la familia y por otro lado las ayudas para formar familias son insignificantes; la ropa de los críos es, en proporción, más cara que la de los adultos; los gastos de escolarización son incontables, etc. En un contexto así, a ver quién es el guapo que se atreve a procrear sin tener claro si está en una situación favorable para costeárselo. Como para que vengan ahora unos iluminados a decir que, si aún usando protección, el test de embarazo sale positivo, te aguantas y lo tienes. En el futuro, si la cosa sale mal, vivirás debajo de un puente para poder educar a tus hijos o los tendrás que dar en adopción porque no podrás costear su educación o, aunque puedas hacerlo, estarás amargado porque tienen problemas que no les permiten valerse por sí mismos. Pero eso da igual. En su día la cagaste. Y eso, por inocente y porque la ley lo manda, te lo comes con patatas. Lo siento, pero no estoy de acuerdo con esto y me parece muy injusto que se piense en legislar de esta manera.

Y hablando de injusticias, las que se están cometiendo de una tacada con las que realmente tienen los hijos, que son nuestras mujeres. Según la nueva ley, por cierto, más restrictiva que la existente en 1985, los únicos supuestos en los que se podrá abortar a partir de ahora son en caso de violación y de riesgo de salud o problemas psíquicos de la madre, adecuadamente demostrados mediante un informe médico que relacione anomalías fetales con problemas psíquicos de la madre. Vamos, que se ponen más trabas que nunca. Quedan derogados, por tanto, los supuestos de malformación fetal y por causas económicas o sociales, previstos en la ley de 2010.

Es curioso que, por ejemplo, una madre que tenga sus facultades mentales mermadas tenga derecho a abortar a pesar de que su hijo venga bien y que, sin embargo, aunque esté en sus cabales, se la someta a hacerse a la idea de que su hijo viene con un problema aún sabiendo que podría evitárselo desde el primer trimestre del embarazo. En el primer caso parece lógico, porque la madre puede no estar mentalmente preparada. En el segundo, la madre puede acabar loca de desesperación, sabiendo, desde los primeros compases del embarazo, que va a dar a luz un hijo que no va a poder VIVIR al 100% como el resto de personas. Esto tiene que ser muy duro para la madre, ya que pueden aparecer sentimientos de culpa (aunque no la tenga), desasosiego y males peores, fruto de pensar que su descendencia no va a poder disfrutar de la vida plenamente.

En general, pienso que a cualquier mujer que preguntemos nos dirá que quiere ser madre algún día. Pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. ¿Acaso no se ve que es una decisión totalmente personal y que puede precisar, en todo caso, del apoyo de la pareja y de la familia? Toda mujer tiene derecho a decidir si está en un buen momento físico, personal, profesional y familiar para ser madre. Y la sociedad tiene que asegurar y proteger los derechos de las futuras madres, porque toda mujer está en riesgo de dar a luz a un hijo con problemas, bien de la propia madre, del hijo o bien porque no va a nacer en el mejor contexto posible. Bastantes problemas hay en esta vida, como para encima afrontarlos en desventaja respecto al resto. Por ello, mientras la madre no corra peligro, pienso que tendría que dejarse a la propia madre en compañía de la familia, decidir si quiere tener el bebé o no. Y creo que de esta manera no se anula ningún derecho. Más bien se vela por que el bebé nazca con un mínimo de garantías para VIVIR, cosa en la que creo que todos estamos de acuerdo.

En este sentido, pienso que es deber del Estado asegurar el nacimiento de personas sanas. Por eso creo que es muy cruel por parte de nuestros gobernantes obligar a las mujeres a tener descendencia si se sabe de antemano que sus hijos vienen con alguna limitación o si se sabe que las parejas y las familias no van a poder asegurar un buen desarrollo personal y físico por falta de recursos.

A día de hoy, un cierto porcentaje de la sociedad ha nacido con malformaciones o con enfermedades que no les permiten VIVIR como los demás tenemos suerte de hacerlo. Respeto que, en su día, bien porque la medicina no estaba avanzada o porque sus familiares así lo decidieron, nacieran de todas formas, a pesar de haber diagnosticado a tiempo los problemas que podrían tener. Es obvio que la sociedad tiene que estar preparada para ello y que debe poner a disposición de estas personas todos los mecanismos para que su vida sea lo más correcta posible. Pero ésta no es la situación normal. Sería normal si un porcentaje considerable de la población tuviera trisomías en su cromosoma 21, parálisis cerebrales, espinas bífidas, u órganos redundantes, entre otras casuísticas, y su vida fuera igual que la del resto. Obviamente, esto no es así, con lo que es lógico y respetable que haya gente que pensemos que nuestros hijos deben nacer con plenas facultades. Esto ya no se trata de aceptar el “destino” de la naturaleza o el de Dios. Se trata de conseguir que nuestros hijos VIVAN como cualquiera de nosotros.

Por tanto, en vez de cerrar con cremallera las bocas de las futuras madres y someter a las familias a esta afrenta en pleno siglo XXI, MEDIDAS:

1.  Asegurar el desarrollo personal de aquellas personas que a día de hoy viven circunstancias que les imposibilitan una vida normal.
  
2.  Fomento y control de calidad de los métodos anti-conceptivos.


3.  Como siempre, EDUCACIÓN e información a la población, para que sea consciente de los riesgos que se corren haciendo las cosas a lo loco.

4.  En España, la mayoría de edad se cumple a los 18 años. Por tanto, es a partir de entonces cuando las mujeres pueden tener control sobre este tema. Sin embargo, tampoco creo que se pueda obligar a una menor a tener hijos. Si demuestra tener una cierta madurez y la familia está de acuerdo, vale. Pero no es lo normal a esas edades, así que yo trataría de evitar problemas a esa niña…

5.  Protección legal y apoyo psicológico en todo momento, tanto a la madre como a la familia. Es un trauma mental para la madre, sobre todo, ver cómo se desvanece una ilusión. Pero bajo mi punto de vista es peor dar a luz y arrastrar una situación familiar dura durante el resto de su vida.

6.   Seguimiento exhaustivo de los embarazos, para detectar anomalías a tiempo.

7.  Una vez detectadas, ver si tienen solución o si hay que barajar la opción de abortar, dependiendo del estado físico y mental de la madre.

8.   ¿Quién permanece ante una situación de riesgo para ambos? ¿La madre o el feto? Pues aquí tampoco tengo claro que tenga que ser el Estado el que se meta en la decisión, porque el padre tiene también su opinión y la familia de la madre mirará por su hija, vamos, digo yo. Yo personalmente preferiría quedarme con mi pareja, ya que es a ella a la que seguro que quiero tener a mi lado en mi vida. Los críos serán siempre un plus para la relación. Pero bueno, respeto la decisión de cada uno.

9.   Cobertura estatal del aborto. Está claro que va a ser la última de las opciones, pero, a diferencia de la cirugía estética fundamentada en el narcisismo frente al espejo, el futuro del país depende del número de habitantes que tenga habilitados para trabajar y no de lo guapos que sean.

10. En general, cuantos supuestos sean necesarios para garantizar el bienestar de la madre durante el embarazo y que los bebés nazcan en las mejores condiciones posibles para VIVIR. Doy prioridad a la madre siempre, sí. Me da igual lo que diga el Tribunal Constitucional. ¿El derecho a la vida es primordial? Correcto. ¿El feto tiene derecho a vivir? Correcto, siempre que venga en plenitud de facultades. Pero eso no es razón para quitarle ese derecho a la madre.

11. Plantear también la opción de la adopción. Los críos no tendrán la mezcla de sangre deseada, pero siempre será mejor adaptarse a tener hijos con capacidad de enfrentarse a la vida, que adaptarse a hijos que no van a poder disfrutar.

Dicho esto, vuelvo a insistir en la palabra respeto. Respeto total hacia las mentalidades diferentes a las mías y pido disculpas a aquellos a los que haya podido ofender, ya que no es esa mi intención. Pero pido respeto también hacia aquellos que creemos que las familias y, sobre todo, las futuras madres, son libres de decidir si dan a luz a hijos potencialmente enfermos o no, o si están preparadas física y económicamente para costeárselo.

Finalmente, reflexiones. La opinión de un ex - neurocirujano español del más alto nivel (Javier Esparza) y dos artículos de opinión de una periodista joven en el blog “Suspenso en religión” (1 y 2). Un poco visceral, para mi gusto, pero da en el clavo en muchas cosas, desde mi punto de vista.

Y puesto que son las mujeres las que, al fin y al cabo, tienen hijos a día de hoy, me permito colgar este vídeo que me ha llegado desde Castilla y León. Podremos o no estar de acuerdo con las caras que en él aparecen, pero la causa que defiende el anuncio es justa y creo que merece la pena verlo. Porque toda mujer está implicada en esta afrenta a sus futuros derechos maternos.