domingo, 28 de octubre de 2012

¿Lo estamos haciendo bien en sanidad?

              Ahora que ya estoy capacitado para decir que soy un máster “del universo” en ingeniería biomédica, se me ha quedado una pequeña gran espina clavada, la cual sigue dándome ciertos quebraderos de cabeza. Básicamente, se trata de encontrar respuesta a la pregunta “¿Lo estamos haciendo bien en la manera que enfocamos la sanidad en España?”

Mis elucubraciones han ido cada vez a más desde que he visto en el diario “El Mundo” una noticia de septiembre de este mismo año, en la que se repasan las conclusiones del “IX Informe sobre los servicios sanitarios de las comunidades autónomas”. En este informe se valoran aspectos de relevancia en un sistema sanitario, como número de camas, médicos por cada 1000 habitantes o gasto sanitario por barba. Por resumir un poco, dichas conclusiones se resumen en 2 losas difíciles de levantar, ni siquiera practicando sokatira en categoría profesional:

1.       Hay una gran disparidad entre las relaciones calidad/servicio de las comunidades autónomas (CCAA) en España, siendo Navarra y País Vasco las que mejor ratio tienen y Madrid y Valencia las que peor.

2.       La actual coyuntura de recortes en nuestro país no hace más que agudizar las diferencias existentes entre CCAA. Cosa obvia, en principio, ya que si ya de por sí no se podía hacer mucho por salvar estas diferencias, ahora menos.

Suponiendo que esto sea así, es lógico que el portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, autora del informe, haya tachado esta diferencia de "desorbitada" y de "poco razonable". Pero además, profundizando un poco, si Europa recomienda 7,5 camas por cada 1000 habitantes, ninguna CA en España llega a la mitad y tampoco llegamos al 1,5 en el ratio de médicos de primaria frente a especializada. Se dice, por último, que no se han tenido en cuenta los datos de 2011 a la hora de realizar el informe. Y menos mal, porque me da que la cosa sería aún más gorda.



A favor de este revuelo encontramos, además, la eterna disputa entre sanidad pública y privada. Está claro que la disponibilidad, lista de espera, servicios, maquinaria, financiación, etc, está mucho más cuidada en la sanidad privada. En mi opinión, se trata de un tema de disponibilidad económica… Se supone que el sistema nacional de salud (SNS) es de todos, es algo público y, precisamente por esto, debiera de ser algo que estuviera más cuidado y con prestaciones similares, bien sea en hospitales públicos o privados. Si se quiere una sanidad universal, lo lógico sería ser capaces de ofrecer servicios por igual a todos los ciudadanos y no discriminarlos por “disponibilidad”.

Sin embargo, a pesar de las alarmas anteriores, resulta que seguimos estando a la cabeza, a nivel mundial en gestión y en prestaciones ofrecidas en nuestro sistema sanitario. No en vano, en 2010 éramos el tercer país del mundo en sanidad. Así que todo el mundo mira cómo se están haciendo las cosas en España, porque la longevidad que conseguimos es relativamente alta, tenemos buenos servicios y de calidad y llegamos a todo el mundo que quiera ser atendido. Bueno, esto era hasta ahora. Por fín. Ya era hora de evitar tanto mangoneo…

Desde mi propia experiencia como principiante en el tema, os diré que, gracias al Máster Universitario en Ingeniería Biomédica que he cursado y a opiniones de médicos, residentes y aprendices de otros lugares de España, he podido ver que las tecnologías que existen a día de hoy para procesar imágenes y señales biomédicas y la instrumentación usada en los hospitales son punteras o, como mínimo, buenas. Sin embargo, sus médicos ya no saben qué hacer para que se les haga caso y conseguir mayor financiación, mayor número de profesionales, camas y medicamentos o pedir que la gestión vaya mejor, sobre todo el reducción de las listas de espera (desesperante) y en inversión en equipamiento de diagnóstico/terapia de precisión.


Viendo todo este panorama, como mínimo, uno se descoloca. Por un lado, hay encuestas que nos ponen, con perdón de la expresión, “de culo, cuesta abajo y sin frenos”. Por otro lado, el mundo mira con interés cómo se están haciendo las cosas en España. Y por otro, los que realmente saben lo que está pasando, dividen su argumentación en función de los adjetivos “público” y “privado”. Además, en cuanto a los casos de Valencia y Madrid, las cifras que se dan serán malas, pero sin embargo, hay hospitales de referencia a nivel nacional e internacional, como el Gregorio Marañón, el 12 de Octubre o la Fé. Quizás la gestión no sea tan “fácil” como, todo hay que verlo, las ciudades pequeñas del País Vasco y Navarra, pero sí que hay buenos hospitales y punteros en investigación y tratamientos (recordemos que somos punteros en cirugía estética y cardiovascular y que fuimos de los primeros en reconstruir totalmente una cara). Otra cosa es que haya decisiones, principalmente de calado político, que no estén en concordancia con lo que realmente está haciendo falta.  ¿En qué quedamos, entonces?

Vengan de donde vengan las encuestas realizadas y las diferentes opiniones, está claro que nunca va a llover a gusto de todos. Pero si a nivel internacional se nos está considerando y aquí, aunque nos quejemos, vamos medianamente bien y la gente no se nos muere de camino al hospital, creo que lo que habría que hacer es trabajar e incentivar que el entramado sanitario en nuestro país fuera un pilar fundamental de nuestra economía. Muchas acciones, principalmente las económicas, podrían venir desde la política. Pero claro, los aludidos no estarían de acuerdo porque no va en beneficio de sus bolsillos personales. Sin embargo, juntos, medicina e ingeniería podríamos comenzar ese proceso de mejora ostensible en  la calidad de nuestro sistema sanitario.

En las siguientes líneas esbozo alguna cosa que se podría hacer, desde mi punto de vista, para mejorar esta situación.

                Tras las visitas realizadas en el contexto del mencionado máster, me ha quedado bastante claro que los médicos consideran crucial estar a la vanguardia de las técnicas de actuación sobre los pacientes. Debe de ser frustrante ver que te estás jugando la salud o la vida de una persona por no usar tecnología puntera o, al menos, mínimamente suficiente para poder diagnosticar o actuar con precisión. Aquí hay que conjugar, obligatoriamente, el verbo “invertir”. Invertir sobre todo públicamente, ya que la sanidad privada ya tiene quién la pague. Y pensar que si no se puede adquirir un equipo de alta tecnología para cada hospital, se pueden poner fondos comunes para poder tenerlo para varios. En mi opinión, muchas de las no-inversiones que se están realizando son debidas a que todos queremos tener de todo. ¿Por qué no hacer, de una vez, un plan nacional de salud, donde pongamos todo el potencial de la sanidad en España y dispongamos de equipamiento bueno entre todos? Pero claro, esto no depende de los ingenieros y médicos…

                Otra de las frases típicas de un hospital, en palabras de los facultativos, es: “bastante trabajo tenemos con tratar de curar a la gente”. Es verdad que tienen que estar al tanto de las nuevas tecnologías, pero ellos se dedican a curar, no a mirar catálogos de equipamiento para ver qué compran. Son ellos los que saben lo que necesitan y los ingenieros los encargados de dárselo. De nada sirve comprar un equipo de último modelo de la marca X con todas las chorradas que pueda contener, si luego, en la práctica diaria, no se va a usar porque es difícil de manejar o no se interpretan correctamente sus resultados. Esto es dinero y tiempo perdido para los contribuyentes y no responde a la necesidad creada. Por tanto, creo que los ingenieros tendríamos que estar al servicio de la demanda médica e ir directamente a los hospitales a hablar con ellos. Y, en función de las necesidades, tratar de asesorar sobre lo que puede convenir o no. Simplemente con uno o dos ingenieros/técnicos encargados de la gestión y mantenimiento de equipos por disciplina o área bastaría, ya que serían los encargados de dar entrada a lo estrictamente necesario. Se gastan 2 nóminas, pero se gana en calidad de servicio y en costes a posteriori.

Pero es que además, esto es una pescadilla que se muerde la cola. Y os pongo un ejemplo para ilustrarlo. Si en nuestra empresa vendemos un producto que responda a unas necesidades reales del sistema sanitario y que, además, tenga un adecuado servicio de mantenimiento, el hospital cliente va a ser bueno en sus diagnósticos/pruebas/terapias y, además, será el primero en pedirnos más productos para otros fines. Y, aunque sea por el boca a boca, los resultados se irán pasando de hospital en hospital. Y eso repercutirá positivamente en los beneficios de la empresa. Más incluso que si vendemos algo que sea para “quitarnos el muerto” por ganar dinero y que luego se encierre en el trastero. Tecnología fiable y ajustada a las necesidades, con un coste razonable y un mantenimiento bueno de los equipos. Esa es la base del negocio del instrumental médico.

           Pero claro, las multinacionales están de por medio. Es curioso ver cómo, según qué contratos realizados con las multinacionales, son tan cerrados que únicamente se puede recurrir a ellas para instalar y mantener los equipos, al coste que les dé la gana y pagando religiosamente dietas, desplazamientos, mano de obra, etc, etc. Total para, posiblemente, según el técnico que hemos contratado, tener que arreglar únicamente un cable o un tornillo. En tono sarcástico, ¿esto no podría arreglarse llamando, por ejemplo, al ferretero de la esquina? Si puede existir un arreglo que lo pueda hacer cualquiera, ¿por qué ha de obligarse a acudir a las grandes empresas? Al ferretero le va a dar igual la tecnología existente dentro del equipo. Únicamente ajustará el tornillo y punto. Abramos el mercado, que bastante ganan ya las multinacionales…

Y para incentivar más aún el emprendimiento, existe una solución muy interesante basada en el lema: “inversión pública para beneficio público”. Aunque algunos no quieran admitirlo, en la universidad pública española tenemos la suerte de poseer un gran potencial investigador. Y también se pueden hacer cosas desde la universidad, simplemente llamando a la gente adecuada. En concreto, se da el caso de un grupo de investigadores de la Universidad Pública de Navarra que son capaces de, por ejemplo, crear algoritmos que retiran el ruido que aparece en las señales cerebrales del sueño, con el fin de tenerlas limpias a la hora de procesarlas. Si luego se les aplica otro algoritmo de reconocimiento de patrones, se podría discernir, de una tacada, un montón de anomalías existentes en las señales cerebrales durante las fases del sueño, detectando así determinados patrones de enfermedades. Y lo mejor es que se podría hacer en menos tiempo y más rápido que el algoritmo propuesto por una multinacional que, básicamente, lo que hace es parchear la versión anterior del software detector y decir que han introducido mejoras, cuando en realidad no es así. Como consecuencia de ello, a pesar de pasar el algoritmo de detección de eventos por los registros de las señales de sueño, los médicos se ven obligados a meter horas para corregir los posibles fallos de detección durante el registro y hacer los informes pertinentes. Por supuesto, sin el más mínimo apoyo, ya que adquirieron en su día ese equipo y se deben a la empresa que se lo vendió. Y allá películas... Lamentable. En este caso, la solución pasaría por, simplemente, realizar una inversión en la universidad (educación) y sacar una empresa que se dedicara a mejorar este tipo de algoritmos para ahorrar tiempo y dinero a los médicos que pagamos mes a mes. Seguro que así, los costes se reducirían, ya que sería “inversión pública para un bien público”. Pero, ¿a quién corresponde decidir esto? Ya sabemos que la inversión a largo no es un fuerte en España… Igual va siendo hora de re-planteárselo.
En definitiva, ¿lo estamos haciendo bien? Hombre, pues somos los terceros del mundo, pero he querido hacer ver formas de intentar alcanzar el primer puesto. Y qué casualidad que la cosa se reduzca o, al menos, comience por invertir un poco más en sanidad y educación y en hacer las cosas bien para que los colosos no se aprovechen de su prestigio, por supuesto, innegable. No soy economista ni pretendo tirar por tierra el trabajo de nadie, pero desde mi punto de vista de ciudadano medianamente especializado, hay errores que podrían subsanarse, sin más que haciendo las cosas como hay que hacerlas, y simplemente explotando los buenos recursos existentes en el país.


Finalmente, quisiera comentar que estoy empezando en este mundo de la ingeniería biomédica y que, posiblemente, la cosa sea bastante más compleja que lo que yo la estoy pintando. La teoría es muy fácil y la práctica es otra cosa. Simplemente quería dar mi punto de vista actual sobre cómo está la sanidad en España y dar algunas pinceladas de lo que se podría hacer si TODO EL MUNDO arrimamos el hombro. Por supuesto, sean bienvenidas todas las opiniones al respecto, ya que así nos haremos idea de cómo está el SNS actualmente y de las mejoras que podríamos llevar a cabo. Yo me subo al carro de apostar por una sanidad pública (la privada parece que lo es…) sobresaliente en España. ¿Alguien más?

             Besos y abrazos!! ;)

domingo, 14 de octubre de 2012

Alegato por la ingeniería biomédica

                En esta ocasión, os propongo una lectura pura en la que reflejo un poco la idea que tengo sobre la labor de la ingeniería como encauzadora de la tecnología para el servicio a los médicos. Se trata de parte de la introducción de mi TFM, pero también es una opinión con la que me posiciono a favor de la colaboración entre disciplinas ;). ¡Ahí va!


    Cada vez es más evidente que hoy día vivimos en la llamada “Sociedad de la Información”. La información se genera en todo lo que nos rodea y está íntimamente relacionada con el conocimiento y el desarrollo de la humanidad. Una vez adquirida, la información es digitalizada, preparada para ser transmitida en óptimas condiciones y, una vez en su destino, es capaz de generar conocimiento. El conocimiento se aprende y aplica en todos los ámbitos posibles y se obtienen datos que generan a su vez, información. Esta “pescadilla que se muerde la cola”, como se diría en castellano, o esta “realimentación”, como se diría en el argot ingeniero, es el motor de la sociedad, lo que hace que hoy día los seres humanos sean capaces de evolucionar conceptual y personalmente hablando y lo que, a pesar de que los historiadores se resistan, ha permitido pasar de la Edad Contemporánea a la Edad Tecnológica o Edad de las TIC.


                La información es importante en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, cuando se oye hablar del tema de la salud, nadie duda de que se trata de algo que sobrepasa la importancia, para convertirse en algo vital. Hoy en día, gracias a las posibilidades tecnológicas y los grandes avances médicos realizados en colaboración con éstas, es posible diagnosticar muchos de los fallos del cuerpo humano, tratar bastantes de ellos y obtener información de aquellas afecciones cuyo estudio es todavía temprano. Los pacientes demandan cada vez mayor información y conocimiento sobre sus enfermedades, cómo prevenirlas, cómo tratarlas o cómo curarlas. Es un derecho recogido por ley y que debe ser satisfecho en todo momento.


              En este sentido, tanto el colectivo médico como el ingeniero deben de estar preparados para responder a la demanda, cada vez mayor, de pacientes que esperan saber más sobre sus enfermedades para poderse curar en la mayoría de los casos. Pero esta no es una situación que deba ser abordada unilateralmente. Es cierto que los profesionales de la salud deben tener la potestad de actuar en base a los diagnósticos que se realizan. Pero también se ha de contar con la ayuda de los ingenieros para poder hacer frente, tecnológicamente, a las necesidades que desde el sector médico se crean, como pueden ser la mejora del diagnóstico precoz, la elección y eficiencia del tratamiento más adecuado, la gestión y seguimiento de los pacientes o la seguridad de los datos generados en base a los diferentes actos clínicos a los que se les somete.


                Por tanto, es lógico pensar que, en el futuro, el personal de los servicios de salud esté compuesto por colectivos clínicos e ingenieros, además de todo el resto de personal habitual, como se hace ya en algunos países. Los primeros se encargarán de los actos clínicos y los ingenieros se encargarán del mantenimiento, renovación, investigación y desarrollo del equipamiento adecuado para atender las necesidades que en se generen en los hospitales. Es aquí donde se ve la necesidad de encontrar profesionales del mundo de la ingeniería que sepan de la jerga y las necesidades de la medicina y que sean capaces de ofrecer la tecnología más práctica y costo-efectiva posible, con el fin de atender las demandas generadas.


                Es por esto que la ingeniería biomédica se postula, hoy por hoy, como una de las ocupaciones con más futuro en el mundo laboral. Desde el tratamiento, a nivel molecular, de las enfermedades hasta la gestión hospitalaria y la seguridad de los datos de los pacientes, pasando por toda la instrumentación de diagnóstico y terapia, es necesaria la presencia de personas que se dediquen a mantener y mejorar las posibilidades actuales de la tecnología, con el fin de poder aportar toda la información posible tanto al paciente como al médico, pues son los clientes en este tipo de aplicaciones.


      Para “aportar toda la información posible tanto al paciente como al médico”, hay que extraer la información del cuerpo del paciente y acondicionarla al mundo eléctrico, tratarla para hacerla comprensible, generar los datos y, tras ello, dependiendo de la aplicación para la que se vaya a usar, emplear el esquema más adecuado para cumplir la función de transmitir una información veraz y con todo el rigor científico que requiere la ocasión, ya que en estos temas vitales, no se puede permitir una información mal dada. Los ingenieros están para dar servicios “buenos, bonitos y baratos” a los clientes y esta es, también en este caso, su función.


              Pero para poder plantearse cuestiones que se aproximen a la aplicación final, lo primero que hay que hacer es saber cómo extraer la información del cuerpo humano y acondicionarla al mundo eléctrico para poder analizarla. En el caso de la medicina, este paso de acondicionamiento se realiza a través de los informes de auscultación de los médicos o bien a través de los datos obtenidos por las diferentes pruebas realizadas al paciente.


                El cuerpo humano posee una serie de variables que pueden ser estudiadas, con el fin de detectar anomalías que tengan que ver con su mal estado. Estas variables puede ser interesante tenerlas controladas para, o bien tener una cierta idea de su evolución (diagnóstico, pronóstico y curación), o bien aprovechar el control sobre esos datos para realizar más funciones, como ocurre con la terapia.


              Para disponer de datos como estos, hacen falta unos aparatos que extraigan los valores de diferentes magnitudes biológicas y los conviertan en señales eléctricas, generalmente 1s y 0s, para luego ser procesadas, convertidas en información inteligible y, posteriormente, interpretadas. Del primer paso se encargan los sensores.


             Prácticamente existe un sensor para cualquier magnitud física, y además, con diferentes tecnologías y en la mayoría de las condiciones posibles. Sin embargo, se sigue investigando en ello para seguir descubriendo horizontes y nuevas aplicaciones en sus campos de acción. Concretamente, dentro del campo de la biotecnología, se buscan propiedades como la biocompatibilidad, la practicidad clínica y la reducción de costes, aumentando la eficiencia y la repetitividad de las medidas.


           Otra de las palabras a las que se recurre mucho últimamente es “nanotecnología”. Científicamente, podría traducirse como la tecnología “nano” o tecnología de muy pequeño tamaño, puesto que “nano” es un prefijo griego que significa “una milmillonésima parte de algo” (10-9 en notación científica). Oficialmente, la nanotecnología es el “estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a escala nanométrica, así como la explotación de sus fenómenos y propiedades”. El hecho de que con tamaños de este tipo, la materia se comporte de diferente manera y que se pueda aprovechar lo que ofrece, ha hecho que el interés por esta rama de la ciencia vaya cada vez más en aumento, abriendo un gran mundo de posibilidades con las que poder crear más tecnología.


                Entre las numerosas ventajas que posee esta nueva ciencia, destacan la considerable reducción de tamaño de los equipos, así como su reducción en costes, en materiales necesarios, en producción, en transporte, etc, todas atribuibles al hecho de trabajar con tamaños de átomos y moléculas. Por otro lado, existen algunos contratiempos, como las posibles intoxicaciones derivadas del trabajo con sustancias que podrían ser asimiladas por el organismo, produciendo nuevas enfermedades, la posibilidad de emplearla en ataques terroristas o nucleares… La cuestión está aún en desarrollo y, de hecho hay ya debates sobre el tema, aunque con un cierto control parece que los efectos adversos podrían paliarse en gran medida.


             Desde el punto de vista del avance tecnológico y científico, las posibilidades que se abren a la hora de compaginar la nanotecnología con otras disciplinas son muchas. Sin ir más lejos, en la biomedicina se está planteando la posibilidad de producir “nanobots” (robots de tamaño nanométrico) que reparen daños en los tejidos del cuerpo humano. Con ello se sentaría precedente en la cura de enfermedades como el cáncer o cualquiera que estuviera relacionada con la degeneración celular. El pequeño robot iría detectando qué células están mejor y cuales peor y a estas últimas las iría reparando en función de su patología.


           Si bien este trabajo no tiene unas expectativas tan trascendentales, sí que puede contribuir al desarrollo de sensores para variables biológicas propias del ser humano. A través de los conocimientos adquiridos en la carrera de este autor sobre nanotecnología, ingeniería biomédica y telecomunicaciones, se trata de aunarlos todos con el fin de obtener posibles aplicaciones que puedan ser usadas en el futuro.


      Espero que os haya gustado J Como siempre, dispuesto a leer vuestras opiniones.


      ¡¡Besos y abrazos!! ;)

lunes, 8 de octubre de 2012

Tendencias en nanotecnología

La semana del 10 al 14 de septiembre tuve la oportunidad de asistir al congreso “Trends in Nanotechnology 2012”, que estableció su sede en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Como su propio nombre dice, se trata de ver cuáles son las nuevas investigaciones que se han realizado durante el último año a nivel internacional en temas de nanotecnología. El presidente del congreso es el señor D. Antonio Correia, presidente de la Fundación Phantoms, un tipo bastante animado e implicado en el tema y un auténtico referente en la gestión de eventos de este tipo, como es, por ejemplo, la conferencia IMAGINENANO, que aúna congresos sobre tecnologías basadas en el jugueteo con la materia en la nanoescala.

De acuerdo a lo que se trató en el congreso, parece ser que las nuevas tendencias en el mundo de la nanotecnología pasan por 5 grandes temáticas: nanomateriales para la producción o almacenamiento de energía, nanofotónica, nanotecnología para la seguridad y la defensa, grafeno o nanotubos de carbono y nanobiotecnología. Con independencia de las cosas que se hayan podido presentar, todas ellas muy interesantes, en este post trataré de centrarme en aquellas que más nos gustan. O sea que iremos directamente a por la nanobiotecnología. No obstante, es importante recalcar que, desde el punto de vista investigador, el potencial que se demuestra en este tipo de congresos es bastante alto. Así que todas las líneas de investigación son susceptibles de seguir adelante, con el fin de mejorar las actuales prestaciones tecnológicas.

Una de las curiosidades del congreso tiene que ver con el tercer post de este blog, en el que os hablé de cómo enlazar cadenas de ADN para conseguir nanorobots contra el cáncer. En este caso, los investigadores en cuestión consiguen realizar estructuras tridimensionales e, incluso, flexibles, para poder darles algún fin. En uno de los casos, se encargan de transportar iones de potasio a través de una estructura plana de 4 bases nitrogenadas. Sin embargo, el caso más llamativo, friki o, como queráis llamarlo, es una simpática ocurrencia de unos miembros de la Universidad de Aahrus (Dinamarca), donde se atreven a realizar una imitación del delfín de su escudo en ADN e incluso hacen que mueva la cola en función de cómo se le aplique un campo eléctrico :D. Las imágenes, tomadas en microscopio de fuerza atómica (AFM), demuestran que el ADN se ve afectado por la composición del campo eléctrico y modifica su estructura para adaptarse a la situación, dando la sensación de que el delfín está moviéndose.


 Fig. 1. Estructura de transporte para iones potasio basada en ADN y secuencia del movimiento de la cola del delfín de la Universidad de Aahrus.
  
El último grito en biosensores, cosa en la que nos estamos introduciendo en nuestro grupo de investigación, se trata de los llamados “aptasensores”. Pero no os asustéis del nombre. En sí son unos biosensores, es decir, que detectan sustancias biológicas en base a la acción de un bioreceptor selectivo, como puede ser un enzima o un anticuerpo. El problema con estos dos compuestos es que, generalmente, sólo detectan una única vez y que, por lo tanto, no pueden realizar medidas repetitivas. Con los aptámeros, que son los bioreceptores de estos nuevos sensores, se pueden detectar sustancias de forma selectiva y, además, hacer y deshacer la reacción, cosa que permite la reutilización del sensor y, por tanto, un ahorro en costes para el usuario.

En algún otro post posterior, ya os explicaré de qué van los aptámeros y cómo se consiguen. De momento, quedaos con que se trata de cadenas de unos pocos nucleótidos que son altamente selectivas y afines con las proteínas que se pretenden detectar y no con otras, incluso si pueden llegar a parecerse en un 99%. Esto es lo que les hace ser la nueva tendencia: no hay fallos. Sin embargo, como toda proteína, tiene su complejidad y también es verdad que su síntesis es artificial y pre-programada, aunque de momento parece que para lo que se los está usando, básicamente, inhibición de otras proteínas, sirven.


 Fig. 2. Estructuras terciarias (3D) de dos aptámeros. Se puede observar la propia composición del aptámero y su adaptación a la molécula diana.

Como no, los mayores innovadores en esto de la tecnología son los japoneses. En concreto, se trajeron una charla de “diseño de nanomateriales inteligentes para la vida”, en la que hablaron de diferentes tipos de polímeros que ellos funcionalizaban para conseguir propiedades como detección de temperatura, medición de pH, fotosensibilidad… ¡¡Y todo a la vez!! La aplicación más llamativa fue la consecución de polímeros que podían cambiar su disposición espacial según la temperatura. Así, conseguían que, a temperatura normal, las cadenas estuvieran separadas; que, subiendo 20º, se quedaran en forma de núcleo con tentáculos; y que, al subir a lo máximo, se apelotonaran formando una esfera perfecta. Esto podría usarse en un futuro para, por ejemplo, administrar fármacos de forma controlada, en función de la temperatura del paciente.
 

Fig. 3. Nanopartículas de magnetita recubiertas de polímeros multirespuesta, los mismos que se representan debajo. A la derecha, nanoensamblado de copolímeros con respuesta térmica.

Fue bonito, también, ver cómo se silenciaban (anulaban) genes expresados por un cultivo de células en base a la aplicación de nanopartículas de sílice (SiO2 NPs) dopadas con hierro, para ver la viabilidad celular durante del proceso de silenciación. De esto se encargaba un grupo italiano y lo que querían ver era si las SiO2 NPs eran realmente biocompatibles o no, ya que se había especulado bastante sobre el tema. La conclusión fue que, pese a serlo en un 80% de las ocasiones, todavía quedaba un 20% por solucionar. Estaba claro que las NPs no eran todas iguales y no ejercían bien su efecto, pero por lo menos, por algo se empieza. Está claro que la terapia génica podría venir a través de este camino, introduciendo nanopartículas biocompatibles funcionalizadas en el cuerpo, a fin de eliminar o poner genes para corregir secuencias erróneas.


Fig. 4. Silenciación de la presencia de un gen (verde) en un cultivo de células. En la imagen derecha se puede ver cómo la amplia mayoría de la expresión ha sido cancelada por las SiO2NPs.

La administración de fármacos encerrados en una estructura que las transporta, llega al órgano diana y las libera en él, es algo que se está investigando de forma bastante intensa. Sin embargo, ocurre que, muchas veces, los fármacos son también absorbidos por células u órganos que no son los diana y, por tanto, se está intoxicando, más que curando. Por eso, en Suiza, hay un grupo que se dedica a crear vesículas funcionalizadas en las que se introduce la “maquinaria” necesaria para eliminar, internamente, las sustancias, bichos o antígenos nocivos, sin afectar al resto de tejidos sanos.



 Fig. 5. Esquema de las vesículas aniquiladoras de gérmenes o antígenos nocivos para la salud.

Todas estas innovaciones se están llevando a cabo con el objetivo de comenzar el camino hacia una medicina basada en la nanotecnología. Puede que, en un futuro, la terapia consista en, simplemente, inyectar una disolución de nanoestructuras funcionalizadas para poder erradicar la enfermedad que padezcamos. Esto es únicamente una muestra de lo que me pareció más llamativo, aunque, por supuesto, hay muchísimas cosas más que se están haciendo. Quién sabe si mi post “Objetivo 2020” se cumplirá algún día… Lo veremos, eso espero J

En cuanto al congreso, se puede decir que se trata de un evento o muy físico o muy químico. Para los ingenieros interesados, lo malo es que no hay una aplicación que se pueda sacar tal que ya, a menos que esté suficientemente avanzada. No obstante, es interesante ver todas las cosas que se están haciendo en investigación básica para luego poder darles una salida. Y además, como alguna compañera comentó: “primero habrá que saber cómo funcionan las cosas antes de comenzar a aplicarlas”.


Saludos y hasta el próximo post!! ;)