domingo, 14 de octubre de 2012

Alegato por la ingeniería biomédica

                En esta ocasión, os propongo una lectura pura en la que reflejo un poco la idea que tengo sobre la labor de la ingeniería como encauzadora de la tecnología para el servicio a los médicos. Se trata de parte de la introducción de mi TFM, pero también es una opinión con la que me posiciono a favor de la colaboración entre disciplinas ;). ¡Ahí va!


    Cada vez es más evidente que hoy día vivimos en la llamada “Sociedad de la Información”. La información se genera en todo lo que nos rodea y está íntimamente relacionada con el conocimiento y el desarrollo de la humanidad. Una vez adquirida, la información es digitalizada, preparada para ser transmitida en óptimas condiciones y, una vez en su destino, es capaz de generar conocimiento. El conocimiento se aprende y aplica en todos los ámbitos posibles y se obtienen datos que generan a su vez, información. Esta “pescadilla que se muerde la cola”, como se diría en castellano, o esta “realimentación”, como se diría en el argot ingeniero, es el motor de la sociedad, lo que hace que hoy día los seres humanos sean capaces de evolucionar conceptual y personalmente hablando y lo que, a pesar de que los historiadores se resistan, ha permitido pasar de la Edad Contemporánea a la Edad Tecnológica o Edad de las TIC.


                La información es importante en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, cuando se oye hablar del tema de la salud, nadie duda de que se trata de algo que sobrepasa la importancia, para convertirse en algo vital. Hoy en día, gracias a las posibilidades tecnológicas y los grandes avances médicos realizados en colaboración con éstas, es posible diagnosticar muchos de los fallos del cuerpo humano, tratar bastantes de ellos y obtener información de aquellas afecciones cuyo estudio es todavía temprano. Los pacientes demandan cada vez mayor información y conocimiento sobre sus enfermedades, cómo prevenirlas, cómo tratarlas o cómo curarlas. Es un derecho recogido por ley y que debe ser satisfecho en todo momento.


              En este sentido, tanto el colectivo médico como el ingeniero deben de estar preparados para responder a la demanda, cada vez mayor, de pacientes que esperan saber más sobre sus enfermedades para poderse curar en la mayoría de los casos. Pero esta no es una situación que deba ser abordada unilateralmente. Es cierto que los profesionales de la salud deben tener la potestad de actuar en base a los diagnósticos que se realizan. Pero también se ha de contar con la ayuda de los ingenieros para poder hacer frente, tecnológicamente, a las necesidades que desde el sector médico se crean, como pueden ser la mejora del diagnóstico precoz, la elección y eficiencia del tratamiento más adecuado, la gestión y seguimiento de los pacientes o la seguridad de los datos generados en base a los diferentes actos clínicos a los que se les somete.


                Por tanto, es lógico pensar que, en el futuro, el personal de los servicios de salud esté compuesto por colectivos clínicos e ingenieros, además de todo el resto de personal habitual, como se hace ya en algunos países. Los primeros se encargarán de los actos clínicos y los ingenieros se encargarán del mantenimiento, renovación, investigación y desarrollo del equipamiento adecuado para atender las necesidades que en se generen en los hospitales. Es aquí donde se ve la necesidad de encontrar profesionales del mundo de la ingeniería que sepan de la jerga y las necesidades de la medicina y que sean capaces de ofrecer la tecnología más práctica y costo-efectiva posible, con el fin de atender las demandas generadas.


                Es por esto que la ingeniería biomédica se postula, hoy por hoy, como una de las ocupaciones con más futuro en el mundo laboral. Desde el tratamiento, a nivel molecular, de las enfermedades hasta la gestión hospitalaria y la seguridad de los datos de los pacientes, pasando por toda la instrumentación de diagnóstico y terapia, es necesaria la presencia de personas que se dediquen a mantener y mejorar las posibilidades actuales de la tecnología, con el fin de poder aportar toda la información posible tanto al paciente como al médico, pues son los clientes en este tipo de aplicaciones.


      Para “aportar toda la información posible tanto al paciente como al médico”, hay que extraer la información del cuerpo del paciente y acondicionarla al mundo eléctrico, tratarla para hacerla comprensible, generar los datos y, tras ello, dependiendo de la aplicación para la que se vaya a usar, emplear el esquema más adecuado para cumplir la función de transmitir una información veraz y con todo el rigor científico que requiere la ocasión, ya que en estos temas vitales, no se puede permitir una información mal dada. Los ingenieros están para dar servicios “buenos, bonitos y baratos” a los clientes y esta es, también en este caso, su función.


              Pero para poder plantearse cuestiones que se aproximen a la aplicación final, lo primero que hay que hacer es saber cómo extraer la información del cuerpo humano y acondicionarla al mundo eléctrico para poder analizarla. En el caso de la medicina, este paso de acondicionamiento se realiza a través de los informes de auscultación de los médicos o bien a través de los datos obtenidos por las diferentes pruebas realizadas al paciente.


                El cuerpo humano posee una serie de variables que pueden ser estudiadas, con el fin de detectar anomalías que tengan que ver con su mal estado. Estas variables puede ser interesante tenerlas controladas para, o bien tener una cierta idea de su evolución (diagnóstico, pronóstico y curación), o bien aprovechar el control sobre esos datos para realizar más funciones, como ocurre con la terapia.


              Para disponer de datos como estos, hacen falta unos aparatos que extraigan los valores de diferentes magnitudes biológicas y los conviertan en señales eléctricas, generalmente 1s y 0s, para luego ser procesadas, convertidas en información inteligible y, posteriormente, interpretadas. Del primer paso se encargan los sensores.


             Prácticamente existe un sensor para cualquier magnitud física, y además, con diferentes tecnologías y en la mayoría de las condiciones posibles. Sin embargo, se sigue investigando en ello para seguir descubriendo horizontes y nuevas aplicaciones en sus campos de acción. Concretamente, dentro del campo de la biotecnología, se buscan propiedades como la biocompatibilidad, la practicidad clínica y la reducción de costes, aumentando la eficiencia y la repetitividad de las medidas.


           Otra de las palabras a las que se recurre mucho últimamente es “nanotecnología”. Científicamente, podría traducirse como la tecnología “nano” o tecnología de muy pequeño tamaño, puesto que “nano” es un prefijo griego que significa “una milmillonésima parte de algo” (10-9 en notación científica). Oficialmente, la nanotecnología es el “estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a escala nanométrica, así como la explotación de sus fenómenos y propiedades”. El hecho de que con tamaños de este tipo, la materia se comporte de diferente manera y que se pueda aprovechar lo que ofrece, ha hecho que el interés por esta rama de la ciencia vaya cada vez más en aumento, abriendo un gran mundo de posibilidades con las que poder crear más tecnología.


                Entre las numerosas ventajas que posee esta nueva ciencia, destacan la considerable reducción de tamaño de los equipos, así como su reducción en costes, en materiales necesarios, en producción, en transporte, etc, todas atribuibles al hecho de trabajar con tamaños de átomos y moléculas. Por otro lado, existen algunos contratiempos, como las posibles intoxicaciones derivadas del trabajo con sustancias que podrían ser asimiladas por el organismo, produciendo nuevas enfermedades, la posibilidad de emplearla en ataques terroristas o nucleares… La cuestión está aún en desarrollo y, de hecho hay ya debates sobre el tema, aunque con un cierto control parece que los efectos adversos podrían paliarse en gran medida.


             Desde el punto de vista del avance tecnológico y científico, las posibilidades que se abren a la hora de compaginar la nanotecnología con otras disciplinas son muchas. Sin ir más lejos, en la biomedicina se está planteando la posibilidad de producir “nanobots” (robots de tamaño nanométrico) que reparen daños en los tejidos del cuerpo humano. Con ello se sentaría precedente en la cura de enfermedades como el cáncer o cualquiera que estuviera relacionada con la degeneración celular. El pequeño robot iría detectando qué células están mejor y cuales peor y a estas últimas las iría reparando en función de su patología.


           Si bien este trabajo no tiene unas expectativas tan trascendentales, sí que puede contribuir al desarrollo de sensores para variables biológicas propias del ser humano. A través de los conocimientos adquiridos en la carrera de este autor sobre nanotecnología, ingeniería biomédica y telecomunicaciones, se trata de aunarlos todos con el fin de obtener posibles aplicaciones que puedan ser usadas en el futuro.


      Espero que os haya gustado J Como siempre, dispuesto a leer vuestras opiniones.


      ¡¡Besos y abrazos!! ;)