martes, 11 de septiembre de 2012

OBJETIVO 2020

Imaginad una misión a Marte en el futuro en la que se trata de enviar astronautas al espacio para explorar el planeta in situ. Resulta que la Tierra, la Luna y Marte alinean sus posiciones justo en el año 2020. La idea es aprovechar la aceleración de la gravedad lunar para aumentar la velocidad del transbordador y que llegue a Marte empleando el menor tiempo posible. Concretamente, 9 meses. ¿Os suena de algo? Se trata de hacer lo mismo que en la famosa secuencia de “Armaggedon”, en donde el “Libertad” y el “Independencia” tratan de aterrizar en el gran cometa que se va a estrellar contra la Tierra, para provocar la segunda extinción masiva del planeta.


Fig. 1. Alineación de La Tierra, la Luna y Marte. Esta disposición es la deseable para abordar el viaje, ya que es la que menos distancia tiene entre los tres astros y con la que se podría aprovechar el empuje de la luna para llegar antes al planeta rojo.


Una vez aterrizados en Marte (como si fuera fácil), hay que permanecer viviendo en el planeta rojo durante otros 15 meses para, de paso que se espera a la siguiente alineación de planetas, vivir ahí y realizar los experimentos pertinentes. 3 años después del lanzamiento de la misión, la tripulación se dispone a volver a la Tierra y lo hace sin problemas. Al volver, los astronautas presentan un buen estado de salud y no hay evidencias ni de degeneración de tejidos, ni de la falta de gravedad ni nada de nada.

Según los datos de los que disponemos a día de hoy, a lo largo de los 3 años de misión, los astronautas estarían expuestos a más de una fuente de generación de problemas en el cuerpo. En primer lugar, la falta de gravedad, que en el espacio es nula y en Marte es de 3,7 m/s2, es decir, la tercera parte que en la Tierra. La consecuencia directa de esto es un fallo estructural en el sistema musculoesquelético del cuerpo humano. Los músculos y huesos ya no soportan tanta carga, puesto que la gravedad es menor y ya no hace falta desarrollar tanta fuerza. Debido a esto, tanto las fibras musculares como los osteocitos pierden sus propiedades y hacen que el aparato locomotor se flexibilice. En este sentido, está claro que aparecerían síntomas de osteoporosis y fallos musculares. Ni siquiera los entrenamientos que habitualmente hacen los astronautas servirían para paliar los efectos de la gran ausencia de gravedad.

En segundo lugar, la presencia de una radiación más intensa que la que habitualmente recibe el cuerpo. Al no poseer una atmósfera que filtre las radiaciones peligrosas que provienen del sol, el cuerpo de los astronautas se vería bombardeado por dosis de radiación ultravioleta, gamma, etc, que generarían mutaciones en su ADN que desembocarían en un crecimiento celular anómalo, produciendo diferentes tipos de cáncer. Las paredes del transbordador protegerían en el viaje, aunque algo de radiación siempre acabaría atravesándolas. Y, por supuesto, estando en el planeta, habría que usar traje siempre, ya que la atmósfera de Marte no protege tanto como la de la Tierra y, además, está compuesta, básicamente, de CO2, que es justo lo que nosotros expulsamos al respirar y lo que ayuda al efecto invernadero (por tanto, más calor de lo normal).

Ya sólo con estos dos factores, el cuerpo de los astronautas se vería bastante mermado sólo en el viaje de ida. Hasta ahora, la máxima estancia de un astronauta en el espacio ha sido de un año y, a su vuelta, los científicos han evidenciado signos de deterioro progresivo. De estar 3 años ahí arriba, las condiciones serían totalmente incompatibles con la vida, por decirlo suavemente. Además de esto, está claro que no se podría montar un hospital dentro del transbordador para ir curando a los astronautas, porque es económicamente inviable. En definitiva, habría que hacer algo para mantener a las personas en un estado de salud aceptable durante todo el tiempo para poder asegurar un mínimo de éxito en la misión.

¿Cuál es la solución que se propone, entonces? La NANOTECNOLOGÍA. Gracias a ella, los científicos se proponen llegar a 2020 con el objetivo de diseñar máquinas de tamaño nanométrico capaces de introducirse en las células, testear su estado de salud y repararlas en caso de necesidad.

Fig. 2. Posibles nanorobots destinados a destruir las células cancerígenas, por medio de la inyección de “fármacos asesinos”.

El vídeo que os propongo a continuación trata sobre este tema y sobre los avances que se están realizando, a día de hoy, para llegar a la fecha límite con el objetivo cumplido. Está claro que, cada vez más, la tecnología va a avanzar más rápido (también es verdad que hace falta inversión para ello, claro) y que es posible que se consigan algunos prototipos. Mi opinión personal, si me lo permitís, es que no se va a llegar tan rápido ahí. Y no es por una cuestión de desconfianza en los científicos, ni mucho menos. Más bien se trata de un poco de sentido común y de pensar que, en 8 años, no vamos a poder curar a todas las personas de todo que, en parte, es lo que se pretende y el siguiente paso a seguir tras el éxito en esta misión. Creo que será posible, de la misma manera que se pudo volar o viajar debajo del mar, como los animales. Pero pienso que aún queda mucho tiempo para crear máquinas con las que poder curarnos totalmente. Ojalá me equivoque y pueda verlo, pero ahora mismo creo que hay que ser un poco escépticos respecto a esto.

No obstante, será interesante ver cómo, en los próximos años, conseguimos desarrollar tecnologías de muy pequeño tamaño capaces de curar enfermedades, bien sea reparando tejidos, o bien administrando fármacos de forma más eficiente que las actuales técnicas. Desde mi punto de vista, es un reto apasionante y del que seguro que surge una nueva era tecnológica y sanitaria.

El enlace al vídeo aquí: http://youtu.be/OUS-gmAvqu0

Son 50 minutos, así que os recomiendo que lo veáis cuando estéis relajados y con ganas de imaginar jejeje ;) Ya me comentaréis qué os parece.

Besos y abrazos!!