domingo, 23 de septiembre de 2012

La eterna juventud

             Bien es conocido que los antiguos alquimistas buscaban la forma de conseguir la máxima riqueza y la eterna juventud a través de la obtención de la famosa piedra filosofal. Este nombre se le puso porque, en la época, los filósofos eran los únicos que se comían la cabeza con estas cosas de ciencias. Quién lo diría, a día de hoy… (es broma :P).

Según la literatura y las leyendas que existen alrededor de la tan codiciada roca, la piedra filosofal era una sustancia fabricada con materiales perfectos para cada época. Los primeros profesionales, en el medievo, establecieron combinaciones de agua, tierra, fuego y aire, para conseguirla. En la época, eran los únicos “elementos” que se conocían, aunque más adelante, se ha sabido que lo que realmente hacía que esta combinación se considerara óptima era la mezcla de azufre, mercurio y oro existentes en la tierra, adecuadamente calentada y dejándola reaccionar un buen intervalo de tiempo para que cristalizara. Más adelante, hubo algún otro intento en el que se mezclaba pirita y ácido tartárico con otras sustancias. Las propiedades conseguidas con la piedra filosofal eran maravillosas, ya que podía convertir cualquier metal en oro y daba la posibilidad de alcanzar la vida eterna, mediante la sanación de toda afección adquirida en la vida del poseedor.

 
Fig. 1. Piedra filosofal de Harry Potter y lienzo de un alquimista intentando conseguirla.

En cierta manera, estas composiciones tenían su explicación. Elementos como el hierro, el azufre o el ácido tartárico, comunes en la biología, son fácilmente extraíbles de la naturaleza. El oro también, aunque su extracción es más costosa. Es decir, que la piedra filosofal debía estar compuesta por materiales habituales en el cuerpo humano y en la naturaleza, pero también con la belleza del oro, para poder convertir cualquier otro metal en él y hacer rico al poseedor. Además, a día de hoy está comprobado que el oro es el metal que menos se oxida o, al menos, el que más tarda en hacerlo, con lo que se creía que la aportación del oro permitiría mantener joven al poseedor de la piedra. Eso sí, también se le advertía de usarla en demasía, ya que podía acabar metalizado en oro por ser un avaricioso. Visto así, en realidad el ser humano ha cambiado la forma de conseguirlo, pero siempre ha buscado el éxito en la juventud y en la riqueza…

Bueno, menos filosofadas históricas y vamos con lo que nos interesa.

El caso es que, actualmente, conseguir una piedra filosofal con propiedades como las que nuestros antecesores querían, es imposible. La aproximación más realista a este concepto de la eterna juventud reside en la biología del propio ser humano y no tiene más que 28 años (como los de mi quinta del 84).

Por ello, las preguntas son: ¿Cómo se envejece de forma natural? y ¿Qué se puede hacer para paliarlo?

Las respuestas se encuentran en nuestros cromosomas y, más específicamente, en los telómeros. Un telómero es una secuencia repetida de ADN, situada en los extremos de los cromosomas, que cumple dos funciones fundamentales en la célula. La primera de ellas es que, en condiciones normales, sirve para delimitar los cromosomas (ver figura 2). No en vano, y haciendo honor a las costumbres greco-romanas de médicos y biólogos, “telómero” viene de “telos” (final) y “meros” (parte). De esta manera, el organismo es capaz de identificar cuándo un cromosoma está finalizado y, con ello, se evita fenómenos raros e indeseables que provocarían la muerte de la célula afectada.

Fig. 2. Cromosomas humanos con telómeros resaltados en rojo/amarillo y su reconstrucción ampliada en 3D.

La anterior es una función más bien estructural, para identificar que, aparentemente, todo ha ido bien al generarse los cromosomas. En segundo lugar, dado que éstos se forman cada vez que se va a producir la división celular, los telómeros cumplen la función de servir de cebo para que un enzima, llamado ADN-polimerasa (polimeriza o sintetiza ADN), vaya replicando el ADN antes de la división celular. La cuestión es que este enzima, que bastante hace con recorrerse el ADN y repetirlo sin fallos, no completa toda la secuencia, sino sólo la cadena básica y un poco más, con lo que siempre acaba dejando huecos en la zona de los telómeros, que son irrecuperables en las siguientes divisiones de la célula. Es por esto que, cuando la célula no puede replicar completamente el ADN por falta de telómeros, inicia un proceso de muerte por vejez (senescencia, que se suele decir).

                Peeero, para evitar que a las 15 o 20 divisiones, la célula acabe por morirse (si esto fuera así, no llegaríamos ni a fetos), existen otras enzimas denominados telomerasas. La telomerasa ha sido descubierta, descrita y analizada desde 1984 por la Premio Nobel 2009, Elizabeth Blackburn, y tiene la propiedad de replicar, precisamente, este final de las cadenas de ADN, con el fin de que la célula no envejezca tan pronto. Con esto se alarga su vida productiva y reproductiva y, por ello, los organismos pueden desarrollarse completamente. Y además, los estudios que esta gran científica ha aportado sugieren que, en los bebés, los telómeros son muchísimo mayores que en los ancianos y que el número de telomerasas de los primeros es bastante mayor que el de los segundos.

Fig. 3. Elizabeth Blackburn, descubridora de la telomerasa. Proceso natural de alargamiento de los telómeros.

¡He aquí el quiz de la cuestión! A medida que un organismo se desarrolla, cada vez es menor el tamaño de telómero que las telomerasas pueden regenerar y, además, menor es el número de telomerasas que estén dispuestas a realizar semejante trabajo, con lo que las células no pueden replicarse tantas veces y acaban por morir de viejecillas. Y claro, conforme avanzamos en edad, la maquinaria es cada vez más defectuosa, con lo que son más las células que mueren que las que siguen vivitas y coleando. Es por esto por lo que a partir de ciertas edades ya se nos ven las patas de gallo, comienzan los lumbagos, las artrosis, etc, y cada vez es mayor el riesgo que corremos de padecer enfermedades que, a mi edad, espero que sigan siendo in-nombrables.

                Puestas así las cosas, está claro que el truco está en, conforme nos vamos haciendo adultos, meternos inyecciones de telomerasas en el cuerpo, de manera que se nos reparen los telómeros de todas las células y, así, podremos rejuvenecer. Seguro, ¿no? Pues hasta cierto punto… :S

Efectivamente, cuando el ser humano es adulto, la telomerasa se reduce, pero aún es detectable en células epiteliales, fibroblastos o endoteliales, lo que hace que, en parte, se vaya ralentizando el proceso. Sin embargo, hay un pequeño problema, y es que la presencia de este enzima es muy alta en el 80-90% de los cánceres invasivos. Es decir, que, si por lo que dictan nuestros genes, en el futuro vamos a padecer algún tipo de cáncer que en la juventud está latente y aún no se ha expresado, de alguna manera podríamos estarlo incentivando a salir antes de tiempo. Las células cancerígenas poseen unos telómeros de lo más largo que puede existir y, además, al reproducirse, consiguen transferir casi la totalidad del final de las cadenas de ADN. Es decir, que tendrían más probabilidades de sobrevivir las células cancerígenas que las normales. Por tanto, no está claro que chutarse telomerasa sea la solución radical a la eterna juventud…

Precisamente por esto, algo en lo que se está trabajando hoy en día, también en el grupo de Blackburn, es en cómo inhibir la acción de la telomerasa en las células cancerígenas. De conseguirlo, está claro que se reduciría la metástasis y la expresión masiva de genes tumorales, con lo que la incidencia del cáncer sería menor o, incluso, podríamos llegar a silenciar estos genes malignos. Por tanto, el alargamiento de la vida (más que la eternidad) podría conseguirse, como no, con una solución de compromiso, consistente en la administración de telomerasa con centinelas. Así se podría hacer que las células recuperaran su capacidad de reproducción y, por otro lado, paliar la aparición de cánceres. Supongo que esto costará bastante tiempo conseguirlo, pero, como siempre, para eso estamos los científicos. Así que, ¡¡a por ello!!

En los enlaces que os paso a continuación, tenéis una animación de lo que hace una telomerasa y una explicación de la propia Elizabeth Blackburn sobre lo que es y en base a qué se pudo conseguir el descubrimiento.

¡¡Una telomerasa en acción!!


Disertación de Elizabeth Blackburn (parte 1): http://youtu.be/5PU_jZwt8KY

¡Gracias por vuestra atención y hasta la próxima!! ;)

Besos y abrazos.