domingo, 25 de junio de 2017

Tras el curso 2016 - 2017

Casi un año después comparezco ante vosotros, estimada audiencia virtual, para contaros qué tal ha ido el presente curso a nivel docente.

En primer lugar he de pediros disculpas. Desde mi última entrada, allá por Sanfermines de 2016, me fui de vacaciones y desde entonces no he encontrado tiempo o no he tenido la tranquilidad suficiente como para plantearme escribir algo. O sí, pero había muchas cosas y acababa abrumado de sólo pensar que tenía que ponerme a escribir. Ha sido un curso en el que el fin de semana me ha servido para liberarme y, sobre todo, descansar. Pero bueno, poco a poco ha ido pasando el tiempo y creo que lo he sacado con creces. Queda alguna investigación por arreglar a lo largo de este verano, de aquí hasta que comience el curso 2017-2018. Con suerte y un poco de empeño lo iré solucionando.

En el tema docente, este ha sido un año complejo. 5 asignaturas en el primer semestre y 2, pero con mucha gente, de prácticas en el 2º, en algunos casos en inglés. En general, no me ha dado tiempo a hacer nada más que repasar o rehacer y repasar las clases y darlas inmediatamente. La experiencia ha sido buena, pero en numerosas ocasiones he acabado bastante cansado. No me quiero plantear cómo lo hace la gente que tiene más docencia asignada que yo… Afortunadamente, parece que la cosa tenderá a estabilizarse el próximo curso.

Debido precisamente a lo anterior, en cuanto a investigación no puedo más que agradecer a toda la gente que me ha echado una mano este año para poder producir contribuciones. El nivel de las mismas ha sido y está siendo bueno, pero este año he valorado mucho más, si cabe, la posibilidad de tener una serie de personas conmigo con las que sacar contribuciones buenas adelante. A todos ellas, muchas gracias, y espero que el próximo curso seamos tan productivos o más.

Pero centremos el tiro. A continuación quiero exponeros unas pocas cuestiones que me han llamado la atención este año desde el punto de vista docente y que estaría bien darles una vuelta.

1.       En general creo que la gente entra con una mentalidad equivocada a la universidad. Al menos en lo que respecta a los grados de ciencias experimentales y tecnológicas, los estudiantes no vienen con el nivel de esfuerzo que requiere trabajarse este tipo de estudios. Veo mucho pasotismo en los estudiantes, los cuales, aplican la ley del menor esfuerzo posible. No creo que sea bueno contentarse con un 5 “pelao”, y más sabiendo que hay bastante margen de mejora a la hora de afrontar las calificaciones de determinadas asignaturas.

2.       La razón que creo que subyace tras esto es que no se están haciendo las cosas bien con anterioridad. La solución quizás pase por realizar un esfuerzo de convergencia entre universidad y centros pre-universitarios, para recuperar una conexión que, por lo que he visto este año y por lo que mis compañeros precedentes dicen (y ojo que la media de edad de nuestro departamento es de 40-45 años), está yendo cada vez a menos. Y por lanzar una bombita, quizás sea mejor educar en la cultura del esfuerzo y en la responsabilidad individual que no en el hacer piña, que la gente lo pase bien en el cole y la “chupivida”. El día de mañana, nuestros estudiantes van a tener que buscarse la vida por sí sólos/as, como hemos hecho los demás. Es muy importante que con 18 años asuman que su vida no va a ser siempre de color de rosa y que no siempre van a tener a gente que les eche una mano en los malos momentos. Las disciplinas científicas requieren un esfuerzo grande de análisis y comprensión, y eso lo tienen que tener más que claro. Si no se plantean que van a tener que solucionar los retos tecnológicos que vendrán el día de mañana, o que simplemente, tienen que aprender a asumir responsabilidades para consigo mismos, ¿qué clase de profesionales esperamos tener?

Totalmente de acuerdo con el uso de las tecnologías en las aulas con menores, pero… ¿Son siempre necesarias? Mi posición es que hay que hacer trabajar a la mente más, ya que luego pueden existir adicciones y distracciones que no se pueden tolerar en clase en los primeros cursos de universidad.

3.       Los grados y másteres actuales están requiriendo una carga burocrática demasiado elevada para lo que finalmente se valora por parte de los estudiantes, que es si han sacado provecho de la asignatura o si el profesor da bien la clase. Una asignatura se puede estar dando bien y tener un temario mínimamente bien planteado y explicado, pero como también luego depende de cómo los estudiantes afronten el esfuerzo que tienen que hacer, las reuniones de materia, asignatura, etc, son siempre un quebradero de cabeza entre el nivel adecuado de exigencia y la adaptación a lo que nos viene. La burocracia sólo aporta mayor carga de trabajo para confirmar lo bien o mal que ha ido la asignatura. No creo necesario un control tan estricto sobre los docentes, más aún cuando se demuestra que si un/a estudiante trabaja la asignatura más o menos bien, normalmente suele aprobar.



4.       Siempre he dicho que, en ciencias experimentales, cuando mejor se enteran los estudiantes de las asignaturas es en el laboratorio. Sin embargo, esto no es así si no se asimilan medianamente bien los conceptos con anterioridad.  Ya que la materia hay que darla por completo, pongamos todos, profesores y estudiantes, de nuestra parte, para que la cosa vaya bien.

Debido a todo lo anterior, la sensación que se me queda es lo que me temía ya en 2014 (enlace): Bolonia no está haciendo bien, al menos en estas primeras promociones de egresad@s. Son únicamente 4 detalles los que se me han ocurrido analizar hoy. Por supuesto habrá más, pero para este primer año, a mi corto entender, son los que he detectado con mayor recurrencia. Veremos si dando solución a ello es posible conseguir un buen nivel de entrada en y de salida de la universidad, así como de agilizar las tramitaciones necesarias. 


viernes, 8 de julio de 2016

Ingeniería biomédica en plenos SanFermines

“¡¡Pamplonesas!! ¡¡Pamploneses!! ¡Viva San Fermín!”

Un año más, la ciudad de Pamplona inmersa en el ambiente de las, con permiso del resto,  mejores fiestas patronales del mundo. El encargado de lanzar el chupinazo este 2016 fue Jesús Ilundáin, alias “El Tuli”, elegido por votación popular entre diferentes actores implicados en los eventos clave de las fiestas. Desde mi punto de vista, una buena iniciativa del Ayuntamiento, que este año dejó de lado la elección puramente política para dar el protagonismo a la gente.

Sin embargo, esta entrada no va a versar sobre el análisis social de los Sanfermines sino, como no, del análisis científico de los mismos, y más concretamente, de un par de innovaciones que se están probando en las fiestas de este año con el objetivo de dar a conocer la esencia de lo que se vive dentro de un encierro. Estas innovaciones han venido de la mano de RadioTelevisión Española (RTVE).

La primera de ellas es una camiseta biométrica. En cada uno de los encierros, se le propone a un corredor avezado que lleve puesta una camiseta en cuyo interior hay integrados biosensores de ritmo cardíaco, temperatura, velocidad, tiempos de recorrido y distancia recorrida. En principio, puede que a nadie le importe saber todos estos datos teniendo delante los cuernos de un toro, pero pueden resultar interesantes para saber qué tipos de variables biomédicas son cruciales a la hora de tratar con los corredores. La camiseta en cuestión está diseñada por Zerintia Technologies, la cual esperemos que tenga más y mayores contratos a partir de esta idea innovadora. Enhorabuena por ello y por el pelotazo que han dado a nivel nacional. El enlace del proyecto es este:


Quizás ahora se comienza con constantes vitales y giroscopios integrados, pero quién sabe si en el futuro se podría crear toda una investigación, incluso a nivel respiratorio y biomecánico en torno a lo que suponen los entrenamientos y la propia carrera del encierro. Por cierto, que en cuanto a soluciones que puedan innovarse aquí en Navarra para el encierro y para los Sanfermines en general… Quizás convenga recordar que el Institute of Smart Cities de la UPNA y sus respectivos departamentos de ingeniería y empresas spin-off podemos colaborar en lo que haga falta ;)

La segunda de las innovaciones, desde el punto de vista biométrico, es bastante más espectacular. Se trata de la inclusión de una cámara térmica en la calle Estafeta que, junto con el resto de cámaras en alta definición, recorren la calle en una tirolina. La novedad de esta cámara es que capta imágenes en el infrarrojo. Es decir, que su lente no es una lente habitual como la de cualquiera de nuestras cámaras de fotos/vídeo, sino que se trata de detectores de infrarrojos comerciales (me atrevería a decir que en torno a 10 micras de longitud de onda). Tras captar la imagen, se procesa asignando colores más fríos o más cálidos según la temperatura del objetivo a enfocar. Observad en la foto inferior y en el enlace a la web de RTVE la nitidez con la que se distinguen las calles (en colores fríos, generalmente) con las de los seres vivos (colores cálidos y tendiendo al blanco). Se distingue cómo, en los seres humanos, la cabeza y la cara son las zonas más calientes. Obvio, ya que dentro del cráneo es donde se sitúa nuestro regulador térmico, el hipotálamo, y el cerebro, donde el riego sanguíneo está mucho más concentrado para poder pensar hacia dónde ir y qué es lo que hacer. Además de ello, se ve cómo las vísceras (en amarillo) es lo siguiente más frío y la ropa, que es algo más superficial, está en rojo, dada su menor temperatura. Además de esto, la gente que lleva chaquetas atadas a la cintura o las propias zapatillas, apenas se impregnan del calor corporal. De hecho, es fácil distinguir las fajas y los pañuelicos, ya que la temperatura de estos atuendos está a la de la calle.

Curioso es el caso de los toros, donde la mayoría de la temperatura está concentrada en la zona visceral (laterales y parte inferior), patas, cuernos y ojos. De hecho, y usando un juego de palabras, podría decirse que tienen la mente fría, ya que su cabeza parece tener una temperatura inferior al resto del cuerpo. En realidad y sin saber mucho de biología taurina, estos animales poseen regulación térmica interior, como nosotros, solo que es probable que la mayor densidad de pelaje en determinadas zonas hace que el calor no se disipe con tanta facilidad como lo hacemos nosotros por la cabeza.



Pero volviendo a las personas, ¿tienen interés estas imágenes? Como se puede ver en la imagen o en el propio video, hay personas que están más calientes que otras. Por propia biología puede ser así, o puede que por efecto del calor excesivo autogenerado o por comienzos de procesos infecciosos la temperatura corporal se eleve. De hecho, y pasando ya al ámbito puramente biomédico, ahí donde haya un exceso de riego sanguíneo, la temperatura tenderá a subir. Esto implica que podemos diagnosticar, con bastante certeza, la presencia de lesiones tumorales. La termografía, que es como se llama la técnica, está generalmente aceptada como una herramienta precisa y fiable para la evaluación y el diagnóstico médico. Los cambios en la conductividad térmica de la piel provocados por quemaduras, ulceración cutánea o injertos se pueden detectar y supervisar fácilmente con un sistema termográfico sensible. Otras aplicaciones comunes son la detección temprana de cáncer de piel, el tratamiento del dolor, la evaluación de la profundidad de quemaduras, la detección de fiebre y la cirugía a corazón abierto.

En definitiva, dos maneras de adquirir datos biométricos en las personas que, aunque a modo de marketing, se presentan a la sociedad como el futuro de los biosensores/diagnosticadores basados en diseños de ingeniería biomédica.

Por cierto… Desmontando mitos: el toro no embiste al rojo, sino que responde a estímulos bruscos generalmente provocados… Ojead el siguiente vídeo a partir del minuto 2:10:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-ciencia-toros-se-inmutan-color-rojo/1431652/

Bueno, pues ahora a aguantar hasta el encierro y luego buen chocolate con churros!! ;)

Nos seguimos leyendo. ¡Que paséis unos felices días!